15 de abr de 2018

Dilma Rousseff: “Iremos con Lula hasta el final”

La expresidenta de Brasil despliega todo su saber sobre la intrincada política de equilibrios internacionales


Directa, vehemente, cautivadora, la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff no esquiva preguntas y despliega fuera de micrófono todo su saber sobre la intrincada política de equilibrios internacionales. Pero ha venido a hablar de Lula. Ha estado en Madrid y en Barcelona, luego irá a EE.UU., para denunciar lo que a su juicio es un golpe al sistema democrático brasileño perpetrado por las élites y la derecha del país para descabalgar del gobierno al Partido de los Trabajadores (PT). Un golpe cuya primera fase fue su destitución como presidenta, en el 2016, y que ahora ha llevado a la cárcel al también expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, acusado de corrupción, porque es el claro favorito para ganar las elecciones de octubre. Rousseff sostiene que Lula es “un preso político” y su inocencia está demostrada. Y subraya que su partido no tiene un plan B para las elecciones: “Iremos con Lula hasta el final”.

Invitada por la Cátedra de Estudios Jurídicos Iberoamericanos – constituida por la Editoral Tirant lo Blanch y la Universidad Carlos III de Madrid – Rousseff fue galardonada por la Real Academia Europea de Doctores. En un encuentro con La Vanguardia el jueves, rememora su paso por la cárcel durante la dictadura militar y la tortura que sufrió. Muy próxima a Lula desde que la nombró ministra de Minas y Energía, y después jefa de Gabinete, confiesa que lloró cuando supo que Lula entraba en prisión.



La situación en Brasil es de extrema gravedad, con Lula en prisión por corrupción y el país dividido. ¿Cómo se llega hasta aquí?

En la última década los gobiernos del PT logramos reducir drásticamente la desigualdad. Sacamos a 40 millones de personas de la pobreza y conseguimos que Brasil saliera del mapa de hambre. Mejoramos el acceso a la educación, la salud… Ganamos las elecciones cuatro veces consecutivas. Logramos sortear la crisis económica internacional durante seis años, pero finalmente nos alcanzó y a partir de ahí la oposición decidió aprovecharla para llegar al gobierno sin tener los votos. Es una tendencia golpista muy característica de las élites políticas brasileñas, que en el pasado desarrollaron el hábito de no respetar los resultados electorales. Aplicaron su agenda, que no era la aprobada por los 54 millones de votos con los que llegué a la presidencia, sino la de los que derroté. Los gobiernos del PT creamos irónicamente las condiciones para que se avanzaran las investigaciones contra la corrupción. Lula fortaleció la fiscalía y la policía federal. Yo impuse medidas de transparencia y aprobé una ley que permite perseguir no sólo al corrupto sino también al corruptor, además de instituir la delación premiada. Pero se convirtieron en instrumentos políticos para la destrucción del enemigo. Es el uso de la ley como arma. Y los medios de comunicación se han convertido en un instrumento más del golpe, a base de filtraciones parciales de las investigaciones. Se juzga a la gente en la arena pública pero sin derecho de defensa. Todo eso fue la fase previa a mi impeachment, que considero la primera fase del golpe. Me estudiaron por todos lados pero no encontraron nada. Así que me acusaron de gastar demasiado, de retrasos en los pagos perfectamente legales… Y luego fueron a por Lula, la segunda fase, construyendo una acusación que no se sostiene. Le acusan de recibir un apartamento de lujo por favorecer a una empresa, cuando no es de su propiedad ni la utiliza.

¿Cuál sería el objetivo último de ese golpe?

Destruirnos políticamente. Esperaban que el PT desapareciera, haciendo ver que la corrupción sólo nos afecta a nosotros. Pero ha ocurrido lo contrario: la gente se dio cuenta y subimos en intención de voto. Lula tiene en las encuestas más del doble (en torno al 40%) que el segundo. Los golpistas están desacreditados porque todo el país sabe de su implicación, esta sí real, en la corrupción. El señor que se presentó a las elecciones conmigo (el actual presidente, Michel Temer, era su vicepresidente) y que fabricó todo el proceso para mi impeachment tiene grabaciones comprometedoras. Su candidato tiene sólo un 5%. ¿Quién ocupa su espacio político? La extrema derecha de Bolsonaro, quien en la sesión parlamentaria de mi impeachment dedicó su voto a mi torturador y a la dictadura militar. Han abierto la caja de Pandora. Brasil tiene muchos monstruos pero el más evidente es la tendencia al control violento de la población. Hay que tener en cuenta que fuimos el último país en abolir la esclavitud, en 1888. Y esa historia hace que la exclusión social sea más dura. Está también la tradición de torturas y violencia. Esos son nuestros monstruos, nuestros fantasmas, de ahí viene el control violento de la población y un cierto desprecio de la élite por la población. Ocurre que Lula tiene hoy votos suficientes para derrotar en las elecciones al golpe. Por eso quieren apartarlo y lo meten en la cárcel, porque es una amenaza. Y ahora lo tienen aislado porque quieren impedir que hable.

Pero hablar de golpe...

Es un proceso complicado, no es como un golpe militar. Eso es como cortar un árbol: no hay derecho de opinión, prensa, organización, ningún derecho democrático. El golpe parlamentario-judicial que se ha producido en Brasil con apoyo de los medios y de estamentos económicos es como si el árbol de la democracia fuera atacado por parásitos, que se lo comen por dentro. En el caso de Lula, es un golpe fundamentalmente jurídico, lo que es muy grave. Porque si se politiza la justicia se acaba con el “todos somos iguales ante la ley” y se pone en tela de juicio el Estado de derecho. No puede haber una justicia contra alguien. ¿Por qué todos los investigados del PSDB nunca acaban presos? Es una situación muy traumática y creo que aquí Lula tiene un papel muy claro… Él no es un radical, es una persona que concilia y crea puentes. Brasil necesita reencontrarse y la única manera de hacerlo es con elecciones.

¿Lo ve como una pieza fundamental para salir de la crisis?

Lo veo, sí. Nos dicen: si está preso, déjenlo, no insistan, pasen a un plan B. Pero ¿por qué vamos a hacerlo si Lula es inocente? ¿Por qué vamos a retirar a una persona que en los sondeos tiene la mayor aprobación?. ¿Para que les hagamos el trabajo de aceptar una persecución política? No, iremos con Lula hasta el final, hasta que ellos resuelvan el problema. Las candidaturas se decidirán en agosto, iremos hasta las últimas instancias judiciales. Es muy grave que Brasil vuelva a tener un preso político, algo que se acabó en los años 90. Y yo sé lo que es. La dictadura militar tenía la costumbre de decir que no existíamos, que éramos criminales... Hoy por fortuna tenemos democracias, pero no creo que sea posible mantener una democracia de alta intensidad si sigue aumentando la desigualdad. En Estados Unidos se ha producido una concentración de la riqueza y no se puede culpar a los trabajadores mexicanos. Es un cuento de hadas, y de hadas malas. Cuando los gobiernos no atienden sistemáticamente las demandas de la población y abonan ese malestar, acaban apareciendo los salvadores de la patria.

¿Como Donald Trump?

Sí, como Trump. Estamos viviendo un momento de involución democrática en el mundo, el surgimiento de la extrema derecha recuerda el periodo de entreguerras. Y en Brasil si se mantiene el programa de este gobierno ilegítimo, habrá más violencia. He vuelto a ver niños pidiendo limosna, algo que había desaparecido… Es muy grave.

Estos días hemos visto un Brasil totalmente dividido.

Ningún país sale de una división tan profunda sin elecciones en las que se respeten las reglas del juego. No pueden decir: he perdido y ya no quiero jugar. Con mi impeachment implantaron el odio. Y cuando se planta odio se recoge violencia.

¿Qué opina del reciente asesinato de Marielle Franco?

Es gravísimo. Primero porque también es la cabeza de aquel monstruo de la esclavitud del que hablaba. Era mujer y negra, una de las excluidas de Brasil. Nuestra mayor conquista en términos sociales ha sido la integración de la población negra. Hace unos años, que hubiese médicas negras era inimaginable. El 35% de los estudiantes en la universidad pública en mi último año de gobierno eran los primeros de sus familias. Es importante que no haya impunidad, que se descubra quién asesinó a Marielle. Además ha ocurrido en plena intervención del ejército en Río. Es absurdo, matan a una concejal y nadie sabe quién fue.

Ella era muy crítica con el despliegue militar.

Es un síntoma de lo que está pasando. Meter al ejército en Río es un error. Ese no es su papel y ellos tampoco lo creen. En mi periodo de gobierno no vi a ningún oficial que quisiera practicar la confrontación con la población. No se puede dar una imagen de las fuerzas armadas como golpistas, porque no lo son.

Pero con el juicio a Lula ha habido declaraciones de militares presionando a la justicia.

Sí, ha habido algunas, pero también el jefe de las Fuerzas Aéreas ha dicho que no se trata de defender convicciones personales sino de respetar las instituciones. El cuadro en Brasil no es bueno, pero no hay que caer en el derrotismo porque se puede transformar.

Usted ha contado que cuando se aprobó su impeachment estaba con Lula y él lloró pero usted no pudo. ¿Y esta vez?

Yo lloré cuando supe que Lula iría a la cárcel. Para mí fue difícil llorar durante el impeachment. No sé por qué. Ni cuando estuve en prisión lloré, pero sí cuando me dijeron que se decretaba prisión para Lula.

¿Estaba con él?

Sí.

¿Y él cómo reaccionó?

No lloró ni una lágrima, como yo cuando el impeachment.

Usted ha pasado momentos muy duros en su vida, ¿cuál ha sido el más difícil?

La tortura es la extrema barbarización de la persona. No hay cosa más inhumana, no tiene paralelo. Después de las torturas, te mandaban al centro de detención. Porque hasta las dictaduras necesitan un formato de legalidad. No es un descubrimiento de ahora. Entiendo de prisión y le digo que lo que están haciendo con Lula es una barbaridad, el peor castigo en la cárcel es el aislamiento. Si estas solo días y días, pierdes completamente la relación con el otro. A Lula lo están aislando. Le han prohibido la visita de nueve gobernadores, políticos elegidos en las urnas. ¿Por qué, si la ley no prevé esto? Es peor que la dictadura, entonces se permitían visitas. El aislamiento es una tortura psicológica.

¿Cómo se soporta la tortura, la prisión, qué mecanismos se desarrollan para aguantar?

Sacábamos fuerza de que creíamos en lo que hacíamos. En la tortura no hay héroes. Cuando llegué al presidio, un antiguo mercado de esclavos que hoy ya no existe, leí una frase en una pared, que había escrito una presa: “Feliz el pueblo que no tiene héroes”, de Bertolt Brecht. Lo entendí perfectamente. Feliz el pueblo que no necesita transformar a su gente en héroes porque eso precisa un sufrimiento horrible. Si piensas que esto no va acabar, no puedes aguantar. Pero si piensas un minuto más, dos minutos, tres, cuatro… así se soporta. Una vez en el Senado un senador me llamó mentirosa porque había admitido que mentí bajo tortura. Quien no miente en la tortura entrega a sus compañeros. En la dictadura se miente, en la democracia se dice la verdad.

¿Como presidenta se arrepiente de no haber hecho algo?

¡Quién no se arrepiente! Pero no es esta la cuestión. Tendría que arrepentirme de haber escogido como vicepresidente a un traidor. Me arrepiento de haber reducido los impuestos de los empresarios creyendo que invertirían, pero aprovecharon para aumentar su beneficio.

No quisiera acabar la entrevista sin preguntarle por Catalunya.

Es una situación muy compleja, sobre la cual no puedo comentar porque no tengo todas las variables. Sería una frivolidad. Pero estoy en contra de que haya presos políticos. No hago concesiones ahí, porque yo fui presa política.

Elisenda Vallejo, Barcelona
No La Vanguardia

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