7 de set de 2017

O que esconde o genocídio mais esquecido do mundo, que por isso é esquecido?






Malala Yousafzai, la niña paquistaní que ganó el Premio Nobel de la Paz a los 17 años, hace 3, quien mejor que ella, tuvo que señalarle a la gran Premio Nobel, de 72 años, Aung San Suu Kyi, que no está haciendo nada por detener la violencia en su país, Myanmar (Birmania).

A partir de 1988, Aung San Suu Kyi comenzó su carrera política que la llevó a consolidarse como una de las mujeres más valientes en el mundo por haber luchado por la democracia en Myanmar, en aquel entonces Birmania. Encarcelada, perseguida, amenazada, resistió el mando militar en Birmania para alcanzar la democratización.

Su lucha fue los derechos humanos y los valores de una sociedad justa y libre. Pues bien, hoy tiene que venir una niña, Malala, a decirle que se le están olvidando los Derechos Humanos. Quise comenzar por aquí, porque quizá esto explique por qué el mundo no hace nada ante una de las masacres más crueles y olvidadas en la historia del planeta: la matanza y la opresión que sufren los Rohingya.

Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz, además de su deber de luchar por ella, debería de ser también, como ícono del prestigiado premio, la conexión con el mundo de los poderosos o por lo menos con el marketing de la paz, para que volteen a ver lo que está pasando en Myanmar.

Más aún, para muchos ella es una especia de líder de facto de su propio país, con el peso suficiente para terminar con la violencia, pero lamentablemente su comportamiento no es así, y parece que su corazón de lucha por los DDHH, es selectivo: los Rohingya están excluidos, más cuando en la historia de sus declaraciones, se ha pronunciado no justamente a favor de ellos.

En este marco, sucede en Myanmar una de las peores crisis humanitarias, contra el pueblo más perseguido del mundo y con su masacre, la más olvidada del planeta, la más ignorada. En tan solo una semana, el Ejército de Myanmar ha asesinado a 400 rohingyas y herido a más de miles. Los Rohingya son una etnia, una minoría, son musulmanes. No les reconocen su nacionalidad, heredan la migración de trabajadores que escaparon de La India británica en el siglo pasado.

Hoy, el Ejército birmano, el de Myanmar, los está prácticamente exterminando, una limpieza racial. En tan solo una semana, han escapado 125 mil al país vecino, Bangladés. No migran para buscar una mejor vida, escapan, el término real es ‘escapan’ como pueden de las balas y el cuchillo de los extremistas budistas y de militares despiadados que supuestamente hacen operativos de seguridad. Al escapar muchos quedan en el camino, baleados o con sus paupérrimas casas incendiadas, los que avanzan más llegan al mar, caen, muchos llegan, pero muchos se mueren ahogados.

Hoy le presentamos imágenes de niños como las de Aylan Kurdi, el pequeño sirio que se ahogó en 2015, en el Mediterráneo, que iba a Europa, pero estas imágenes no son conocidas debido al más vergonzoso hecho mediático y político, que estos niños no iban a Europa ni están en el Mediterráneo, lo que las saca del raiting de conciencias en las noticias. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y organizaciones internacionales no gubernamentales le piden al Gobierno birmano que detenga la masacre.

‘El secretario general está profundamente preocupado por los informes de excesos durante las operaciones de seguridad llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad de Myanmar en el estado de Rajine (oeste de Myanmar) y exhorta a la moderación y la calma para evitar una catástrofe humanitaria", declara el portavoz del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en un comunicado.

Hay protestas en algunos países de la región. Pero sobre todo, hay declaraciones desgarradoras de los propios rohingyas que ruegan paz y no más muerte. ¿Por qué los persiguen? ¿Qué características tienen que no les gusta a los birmanos? ¿Por qué la Premio Nobel no hace nada? ¿Por qué esta masacre no le duele al mundo? Hagamos entonces las preguntas.

En ‘Detrás de la Razón’: los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los gobiernos ni los medios de comunicación.

El análisis, las preguntas y respuestas a las diez treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Roberto de la Madrid



¡Conozcan a la líder birmana, ‘cómplice’ de matanza de rohingyas!

La líder birmana de facto, Aung San Suu Kyi, es criticada por su indiferencia ante la matanza de los rohingyas.

La líder birmana de facto, Aung San Suu Kyi, defensora de la democracia y la libertad, es ahora acusada de ser cómplice de la represión contra la minoría Rohingya.

Echando un vistazo a su vida llena de altibajos y su compromiso con defender los derechos de todas las etnias en Myanmar (Birmania), puede ayudar a comprender por qué el mundo se siente ahora decepcionado por su controvertida postura ante el “genocidio” de la comunidad musulmana Rohingya en este país del sudeste asiático.

Aung nació el 19 de junio de 1945 en Rangún (antigua capital de Myanmar). Hija de Aung San, político destacado y uno de los padres de la independencia birmana, que participó en las negociaciones con el Reino Unido para poner fin al colonialismo y fue asesinado en 1947 por nacionalistas radicales.

Aung fue educada en el Reino Unido, donde se graduó en Filosofía, Economía y Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y trabajó durante algún tiempo para la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Regresó a Birmania en abril de 1988 para atender a su madre gravemente enferma, a pesar de las amenazas recibidas del gobierno militar, liderado por el dictador Ne Win. Su viaje coincidió con el estallido de las protestas violentas contra la junta militar que gobernaba el país desde 1962 y ella pronto se convirtió en la líder de las manifestaciones.

Fue detenida por la junta militar, y puesta en arresto domiciliario, una condición que sufría intermitentemente hasta 2010. Trabajó durante muchos años a favor de la democracia, al organizar un movimiento pro derechos humanos, lo cual optaba por la instauración de un régimen democrático.

La política birmana fue galardonada con el premio Nobel de la Paz en 1991 por ser “el ejemplo del poder de los que no tienen poder”, y por su resistencia pacífica frente a la opresión.

Aung San Suu Kyi durante la ceremonia del Premio Nobel de la Paz, 16 de junio de 2012
En noviembre de 2015, el partido de Aung, la principal formación opositora del país, la Liga Nacional para la Democracia (LND), logró una victoria aplastante en los comicios presidenciales, cuatro años después de que la Junta Militar entregara el poder a un Gobierno civil (marzo de 2011).

Aunque la Constitución birmana prohíbe a cualquier candidato con esposo o descendientes extranjeros acceder a la Presidencia, Aung (su marido fue británico y sus dos hijos tienen pasaporte británico) se convirtió en la líder de facto del país, prometiendo entonces estar “por encima del presidente”.

La querida figura de los occidentales, considerada un ícono de los derechos humanos, y el Nelson Mandela de Asia, Aung San Suu Kyi, ha sido criticada en los últimos años por guardar un ‘silencio estudiado’ y una postura indiferente respecto a la persecución y ataques mortales contra la comunidad rohingya, residente en su mayoría en el estado de Rajine (noroeste), el más pobre de Myanmar.

Ella, igual que las autoridades de la exdictadura militar y los líderes religiosas budistas del país, ha negado la identidad de los musulmanes rohingyas, considerados por la ONU la comunidad más perseguida del mundo. En 2016 pidió al embajador de Estados Unidos que no use el término rohingya.

Durante el período de su liderazgo, Aung ha violado obviamente los artículos de la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio de la ONU. El artículo II de este documento dice que “genocidio significa cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.

La líder opositora birmana, más allá de sus muchos años de silencio, tampoco ha levantado las restricciones severas del Estado al acceso humanitario a varias regiones de Myanmar afectadas por la insurgencia. Tampoco las autoridades han permitido a los medios de comunicación independientes investigar a fondo lo que está sucediendo en Rajine.

Un informe de febrero de los derechos humanos de la ONU sobre el tratamiento de los rohingyas, documentó la violación en masa de mujeres y niñas, algunas de las cuales murieron como resultado de las lesiones sexuales que sufrieron. El texto muestra cómo los niños y los adultos musulmanes tenían sus gargantas cortadas delante de sus familias.

Reporta las ejecuciones sumarias de maestros, ancianos y líderes comunitarios; los helicópteros del Ejército pulverizando aldeas con disparos; gente encerrada en sus hogares y quemada viva.

El informe detalla la destrucción deliberada de cultivos y la quema de aldeas para expulsar a poblaciones enteras de sus hogares; personas que trataban de huir disparadas en sus botes.

El desastre humanitario en Rajine se ha agravado desde el 25 de agosto cuando el Ejército intensificó los ataques contra la población rohingya. La ola de violencia ha matado hasta el momento más de 400 personas, obligando a cientos de miles de los rohingyas a huir al vecino país de Bangladés para salvar sus vidas.

No obstante, la líder opositora parece tener oídos sordos ante los llamados internacionales, incluido el de los Premios Nobel de la Paz, para actuar “con coraje y compasión” para poner fin a los crímenes contra los musulmanes rohingyas.

Activistas humanitarios acusan a Aung de ser un cómplice directo en la masacre de los musulmanes por escoger el silencio frente a esta discriminación para no perder su base de religión budista.

“El silencio, por lo tanto, es el menor de sus pecados. El silencio también sugiere una neutralidad estudiada”, escribió Mehdi Hasan, periodista político británico en el portal Intercept. “Sin embargo, no hay nada neutral sobre la postura de Aung San Suu Kyi. Ella ha elegido su lado y es el lado del nacionalismo budista y la cruda islamofobia”.

El martes, Aung rompió su silencio tras casi dos semanas desde el repunte de la violencia, y como era de esperar denunció una campaña de “desinformación” sobre los rohingyas.

La ONU ha advertido del posible surgimiento de una inminente “catástrofe humanitaria” debido a la violencia en curso contra los rohingyas, y ha pedido fin de la represión militar en el país asiático.

No Hispantv
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Jornal espanhol segue pista do doleiro que denunciou amigo de Moro e comprova corrupção no Panamá


O jornal El País foi atrás de uma pista dada por Rodrigo Tacla Durán sobre corrupção no Panamá e comprovou que a dica era quente.

Em reportagem publicada nesta quinta-feira, 7 de setembro, pelos repórteres Jose María Irujo e Joaquín Gil, a Odebrecht abriu conta no Banco Privada de Andorra, paraíso fiscal da Europa, em nome dos pais de um dos homens fortes do ex-presidente do Panamá Ricardo Martinelli, que governou o país entre 2009 e 2014.

Os repórteres publicam um documento interno do banco, em que é registrada a informação de que foi o grupo Odebrecht que apresentou os clientes.

Segundo o jornal, os pais do ex-ministro panamenho receberam depósitos de 10 milhões de dólares, o equivalente a 32 milhões de reais. O ex-ministro panamenho foi confrontado com a informação e confirmou a existência da conta, mas disse que era fruto de negócios lícitos.

Para os brasileiros, a reportagem tem importância não apenas porque envolve o nome da Odebrecht, mas principalmente porque reforça a credibilidade das denúncias de Rodrigo Tacla Durán.

Há alguns dias, a coluna da jornalista Mônica Bergamo informou que Durán está escrevendo um livro em que narra o episódio no qual o advogado Carlos Zucolotto Júnior, amigo de Sérgio Moro, que dividiu escritório com a esposa do juiz, tentou lhe vender facilidades na Lava Jato.

Moro, embora não tenha sido acusado diretamente por Tacla Durán, saiu em defesa do advogado Zucolotto, através de nota:

“Lamentável que a palavra de um foragido da Justiça brasileira seja utilizada para levantar suspeitas infundadas sobre a atuação da Justiça”, diz a nota assinada pelo juiz.

Segundo Moro,  o relato de Durán era “absolutamente falso” e Zucolotto, padrinho de seu casamento, é “profissional sério e competente”.

O DCM divulgou com exclusividade a informação de que, em documento apresentado à Receita Federal, o escritório de Rodrigo Tacla Durán no Brasil confirmou ter feito pagamentos a Zucolotto e a Rosângela Moro, esposa do juiz, mas não mencionou as razões desses pagamentos, com a alegação de que contratos entre advogados são protegidos por sigilo profissional.

Em novembro do ano passado, Tacla Durán foi acusado pelo Ministério Público Federal de usar seu escritório de advocacia como fachada para operações de lavagem de dinheiro. Tacla seria, na prática, doleiro e trabalhou para a Odebrecht.

Por conta dessa investigação, Moro aceitou o pedido de mandado de prisão contra ele, mas não conseguiu colocá-lo na cadeia.

Quando houve a operação da Policia Federal, chamada de Dragão, Tacla Durán estava fora do Brasil.

Preso na Espanha, se defendeu, a Justiça negou o pedido de extradição e ele foi colocado em liberdade. Tacla Durán tem dupla cidadania – é espanhol e brasileiro.

Em liberdade, em julho deu a entrevista ao El País, em que contou que a Odebrecht mentiu à Justiça brasileira ao dizer que pagou em propina cerca de 8 bilhões de reais. Segundo ele, a conta é muito maior. Passa de 34 bilhões. Na entrevista, citou o caso do Panamá, entre outros.

Dois meses depois, a coluna de Mônica Bergamo informou a existência do projeto de livro e a informação de que Zucolotto ofereceu a ele termos para um acordo de delação premiada – ele ficaria apenas seis meses em prisão domiciliar, com tornozeleira, mas teria que fazer um pagamento por fora.

Na semana passada, a coluna Radar, da Veja, informou que Tacla Durán teve relacionamento profissional com Rosângela Moro e que, por conta disso, Moro deveria ter se afastado da investigação, declarando-se suspeito.

O Ministério Público Federal teve acesso a essa informação, mas, segundo a nota, a omitiu, para não provocar o afastamento do juiz.

Na reportagem publicada hoje pelo El País, os repórteres Jose Maria Irujo e Joaquín Gil, protegem a fonte e não contam como tiveram acesso a documentos internos do banco de Andorra.

Mas mencionam que, em julho, entrevistaram Tacla Durán e ele informou que os tentáculos da Odebrecht eram muito mais longos do que se falava no Brasil e alcançavam o Panamá.

Jose Maria Irujo e Joaquín Gil nunca dirão, mas não é preciso ser Sherlock Holmes para desconfiar que os documentos do banco de Andorra saíram do colete de Tacla Durán, que já disse ter prova da negociação travada com o padrinho de casamento de Sergio e Rosângela Moro.

* * *

Para ler a reportagem do El País, acesse aqui.

Joaquim de Carvalho
No DCM
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Uma eleição sem Lula é útil?

É claro que sem a presença do ex-presidente, todo futuro governo será ilegítimo. E é certo que o embate PT vs. PSDB não se repetirá

"Entre os eleitores que eram tipicamente tucanos, como os de escolaridade e renda elevadas, quem rivaliza agora com Lula é Bolsonaro" 
Foto: Ricardo Stuckert
A caravana de Lula pelo Nordeste percorria o interior de Sergipe quando uma pessoa, na beira da estrada, chamou a atenção de todos. Levantava uma folha de cartolina escrita à mão, com uma mensagem simples: “Faltam 14 meses”.

Quanto terá de esperar para votar em Lula. Ainda que tenhamos de manter cautela contra avaliações precipitadas (pois, em política, a prudência é sempre recomendável), há uma coisa certa em relação à eleição de 2018. Outra parece tão provável que é razoável tomá-la como estabelecida. E há uma incógnita.

Hoje, ninguém duvida do favoritismo de Lula. Até o ano passado, ainda havia comentaristas à direita que celebravam a “morte política” do ex-presidente. O tempo, rapidamente, encarregou-se de desmenti-los e de mostrar o ridículo do prognóstico. Desde quando saiu do Palácio do Planalto, ele é favorito a voltar. Aliás, se dependesse da maioria do eleitorado, nem sequer teria deixado o posto.

Lula só não exerceu um terceiro mandato porque suas convicções não permitiram que liberasse os aliados para mudar a Constituição (algo que não deteve Fernando Henrique Cardoso em 1997, quando patrocinou a emenda da reeleição para beneficiar-se).

Era favorito de novo em 2014 e é consenso que obteria uma vitória muito mais folgada que Dilma Rousseff. Nenhuma das calamidades pelas quais passamos de 2015 para cá teria acontecido, caso houvesse disputado e vencido.

Só houve um momento em que pareceu que sua posição era menos sólida, na crise final do segundo governo de Dilma. Mas nem bem a deposição se completou, ele recuperou-se. De setembro de 2016 em diante, cada nova pesquisa mostrou que sua dianteira se ampliava e consolidava. Não há, portanto, surpresa com a vantagem atual.

Enquanto Lula cresceu, o outro polo em torno do qual giraram as disputas presidenciais desde a década de 1990 se desfez. Hoje, tudo indica que o embate PT versus PSDB, que caracterizou as eleições de 1994 até 2014, não se repetirá em 2018.

Não deixa de ser irônico que o principal partido por trás da deposição de Dilma seja o mais prejudicado pelo processo que desencadeou. Ao contrário de abater Lula e exterminar o PT, o que os tucanos fizeram foi colocar em marcha o seu próprio colapso.

Nunca tínhamos tido, nas últimas seis eleições, uma situação como a atual, em que o mais forte dos candidatos peessedebistas, a 14 meses do pleito, tem somente 1% no voto espontâneo. É o que acontece com Geraldo Alckmin, mesmo governando um estado que concentra 22% do eleitorado brasileiro. Está tão pequeno que estimula a pretensão do antigo pupilo, o prefeito de São Paulo, que quer aparecer se exibindo como um anti-Lula de butique e também não passa de 1%.

Não é preciso entender de pesquisa para perceber que só há um candidato, além de Lula, que dá sinais claros de vitalidade: Jair Bolsonaro. Em todos os segmentos do eleitorado onde tínhamos os simpatizantes do PSDB, é ele que encontramos.

Isso vale no plano regional e socioeconômico: os estados “azuis”, onde os candidatos do PSDB costumavam ter bom desempenho, são os mais “verde-oliva”. Entre os eleitores que eram tipicamente tucanos, como os de escolaridade e renda elevadas, quem rivaliza agora com Lula é Bolsonaro.

Ele não ganha do petista em nenhum estrato, mas está bem em alguns: eleitores do gênero masculino, jovens, com educação superior, pertencentes a famílias de renda alta e que residem no Sul, no Centro-Oeste e no Sudeste.

O capitão enfrenta dois problemas. De um lado, nos segmentos que lhe são mais favoráveis, é elevada a participação de pessoas informadas e com posições ideológicas definidas. O espaço de crescimento é, portanto, menor. De outro, sua capacidade de atrair o eleitorado popular é pequena, dada a imensa preferência que tem por Lula. Apesar disso, é o mais provável adversário do PT em 2018.

Hoje, a incógnita não está onde deveria estar e onde esteve desde a redemocratização: no eleitorado, suas opiniões e inclinações. A grande pergunta é quão longe o Judiciário pretende intervir no processo político. Até que ponto um pequeno grupo de juízes e procuradores conseguirá impor ao País e a seus superiores suas fantasias de poder e equívocos.

Sem Lula, a eleição pode ser inútil para restituir a autoridade que o Executivo perdeu. Se for impedido de participar, ela dificilmente conseguirá tirar o País do atoleiro em que o meteram e o eleito governará sempre sob o signo da ilegitimidade, como alguém que só ganhou porque armaram o tapetão. O inverso do que o Brasil precisa no momento em que estamos.

Marcos Coimbra
No CartaCapital
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Nildo Ouriques - Geddel e as virtudes do presidencialismo


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Palocci, o pulha, sempre traiu

Não é um pacto de sangue: é de tomate com ervilhas!


O Conversa Afiada publica artigo de seu colUnista Joaquim Xavier:

Antonio Palocci Filho é um traidor de carteirinha. Isto é sabido há muito tempo por bastante gente, mas sua história sempre restou submersa graças à astúcia em encobrir o caráter diminuto, parasita, de quem está por cima.

Sua vida política é o melhor testemunho. Nos idos da juventude, colou-se à corrente trotskista Liberdade e Luta quando esta era a sensação do movimento estudantil. Com essa vestimenta, tornou-se presidente do centro acadêmico mais importante da região, da faculdade de medicina da USP em Ribeirão Preto.

O surgimento do PT deu a Palocci a chance de estrear na “grande política”. A primeira coisa que fez foi romper com a corrente trotskista. A Libelu tinha princípios em excesso, defendia a luta de classes, a independência diante dos patrões. Era pura demais. O que foi um trunfo para Palocci durante certo tempo, no ambiente fervilhante da universidade, virou um fardo no horizonte do arrivista.

E lá se foi Palocci. Rompeu com a Libelu, tornou-se vereador e elegeu-se prefeito. Com algum poder nas mãos, começou a mostrar o que pretendia com a política. Uma de suas patranhas inaugurais foi armar uma concorrência fraudulenta de merenda escolar. Montou um edital tão restritivo que apenas uma empresa podia vencer: a que oferecesse molho de tomate com ervilhas. Não era a troco de nada, óbvio.

O inquérito andou a passo de tartaruga até ser arquivado muitos anos depois.

Detalhe: nesta época Palocci já era todo poderoso ministro da Fazenda. É fácil imaginar, no Judiciário brasileiro que todos conhecem, se alguém teria ânimo para peitá-lo em algo aparentemente tão pequeno. Mas o cheiro de ervilha com tomate nunca o abandonou.

Sua intuição em juntar o vermelho-tomate da rebeldia estudada com o verde-ervilha das notas graúdas de dólar já havia aparecido de novo com a infame Carta aos Brasileiros, da qual foi mentor e fiador.

Refresque-se a memória: a Carta surgiu como um compromisso público com os banqueiros e o grande capital apavorados com a vitória de Lula nas eleições que se aproximavam, em 2002. Era um atestado de rendição antecipada, que viria a aprisionar os governos seguintes dentro dos limites aceitáveis ao establishment.

É verdade que, mesmo assim, o Brasil conheceu nas épocas de Lula e mesmo de Dilma governos que jamais fizeram tanto pelo povo. Mas a capitulação cobrou a fatura no impeachment de 2016.

Neste intervalo, Palocci exibiu toda sua desenvoltura entre os tubarões da riqueza. Era o interlocutor preferido do pessoal de dinheiro gordo. Nenhum banqueiro ou grande empresário saia de semblante baixo de seu gabinete.

Destino diferente tiveram gente como o humilde caseiro Francenildo Costa. Testemunha de bacanais que Palocci promovia para agradar a si mesmo e a escória circulante em Brasília, Francenildo foi alvejado com a quebra do seu sigilo bancário. Uma vez provada a razão do caseiro, Palocci perdeu o posto, mas não a majestade e, principalmente, a gratidão eterna dos espoliadores da riqueza nacional.

Foi com base nisso que Palocci continuou recheando o próprio bolso. Seu patrimônio não parou de crescer fora do governo sob a fachada de uma empresa de consultoria. A falta de explicações sobre tamanho enriquecimento custou-lhe o cargo de chefe da Casa Civil de Dilma.

Mas Palocci nunca esteve nem aí. A esse respeito, é interessante procurar algum discurso público ou manifestação sinceramente enfática do personagem no poder em defesa dos interesses brasileiros ou do povo. Será tempo perdido.

Palocci sempre preferiu ambientes refrigerados, a sombra dos bastidores e a luz estroboscópica de festanças libidinosas – ante-sala de cofres muito bem provisionados.

Para quem conhece tudo isso, o depoimento de Palocci não traz nenhuma surpresa. A mentira e as negociatas sempre foram sua especialidade. Se Joesley larápio diz que é professor no ramo da roubalheira, Palocci se mostrou catedrático na matéria. Seu único compromisso é com ele mesmo, com as verdinhas e com o beneplácito dos poderosos e da grande mídia.

Esta última, é claro, não está em nem um pouco interessada em ressaltar as contradições flagrantes entre os dois depoimentos de Palocci.

Nós estamos.

Vamos a algumas.

Primeiro, Palocci declarou que nunca ouvira falar no tal italiano que a Odebrecht afirmava ser ele nas planilhas da empresa. Agora, afirma na cara dura que é ele mesmo – só faltou dar o depoimento no idioma daquele país.

Conta também que Lula e Emilio Odebrecht combinavam em detalhes o pagamento de propinas. Mas o próprio Emílio negou peremptoriamente em seus depoimentos ter discutido com Lula valores de bandalheiras ou coisa parecida.

Palocci terminou seu depoimento inicial ameaçando incriminar gente graúda das finanças nacionais com nomes, endereços e o que mais fosse. Tudo desapareceu da oitiva de agora. Nesse meio-tempo, Palocci trocou de advogados, negociou sem parar com procuradores e, com certeza, recebeu acenos bastante polpudos daqueles que prometia denunciar.

A prova decisiva de que se trata de uma armação muito bem calculada, como tudo o que Palocci sempre fez, é justamente a falta de prova. Mais uma vez, o país está diante de palavras, apenas palavras.

Enquanto o país assiste estarrecido a malas de dinheiro sujo empanturrando um apartamento de um cardeal do golpismo; a um “ladrão geral da república” organizando de própria voz a compra do silêncio de criminosos e de juízes; a um assessor graduado saltitando pelas ruas de São Paulo com uma valise incriminadora; a um senador tucano rasgando o verbo literalmente em monstruosidades comprovadas; enquanto acontece tudo isso, a boca de Palocci vomita somente uma narrativa sem uma mísera prova material.

Talvez por vergonha –mesmo os canalhas sempre guardam alguma dentro de si--, Palocci deu o testemunho fantástico (a alusão ao programa não é casual) de costas para o advogado de Lula.

Sua fala escorreu com a frieza dos traidores contumazes, tal qual um Joaquim Silvério dos Reis dos tempos atuais.

A semelhança acaba aí. Também nesse caso, a história se repete como farsa.

O traidor dos inconfidentes entregou fatos reais que mostraram o caminho para enforcar Tiradentes.

Palocci enredou-se numa trama de mentiras para salvar seu próprio pescoço.

Aceitou o jogo sujo das delações orquestradas a um preço que em breve virá a público.

Eis a verdade que nenhuma Globo vai contar.

Joaquim Xavier
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Na delação de Palocci, a Lava Jato preserva os operadores financeiros


O ensaio de delação do ex-Ministro Antonio Palocci é a demonstração cabal de como funciona a Lava Jato. Sua missão não é prender e punir corruptos e corruptores. É usar o poder de prender e punir corruptos e corruptores para livrar corruptos e corruptores, desde que atendam aos objetivos políticos da operação.

É o caso de Palocci.

Palocci tinha duas formas de operar. Uma delas, era para o PT, as conversas informais com financiadores de campanha.  Nessa ponta, conversava com empreiteiras e frigoríficos. Na outra, atuava em benefício próprio agindo preferencialmente com investidores e bancos de investimento.

Havia dois terrenos preferenciais para operar. Um deles, histórico, era o insider information sobre o comportamento das taxas de juros nas reuniões do Copom (Conselho de Política Monetária do Banco Central) e nos leilões de títulos públicos.

A probabilidade é um elemento eficiente de análise. O gênio tatibitate de Deltan Dallagnoll utiliza para embasar julgamentos: se tem tantas delações apontando Lula, mesmo sem provas, a teoria da probabilidade indica que Lula é culpado. A teoria da probabilidade indicaria que se TODAS as delações são comandadas pelo mesmo juiz e procuradores, seguidores da teoria penal do inimigo, a probabilidade de todas serem iguais é igual a 1. As desiguais não seriam aceitas. Simples assim.

Onde interessa, esses Sherlocks não sabem usar. Uma análise probabilística das vezes que o Banco Pactual, e outros atores, acertaram nos leilões do BC e no mercado a termo da taxa Selic seria um indício eloquentes de que operavam com informações privilegiadas.

A corrupção em torno das informações sobre indexadores e leilões de títulos é o campo mais profícuo para corrupção desde as priscas eras de Maílson da Nóbrega Ministro da Fazenda. O escândalo do Banco Marka, aliás,  não foi com os dólares do Banco Central, como erroneamente interpretou o Ministério Público Federal, mas com os leilões de títulos públicos.

Mas trata-se de área tabu. Em parte pela complexidade da avaliação; em parte por desinteresse e cumplicidade dos órgãos de fiscalização, incluindo a mídia.

O segundo campo de atuação de Palocci era no CARF (Conselho Administrativo da Recursos Fiscais). Lá ele operou diretamente para o Banco Pactual, em episódio que denunciei fartamente pela Folha, até ser impedido de continuar.

Meses atrás, Palocci insinuou que poderia trazer informações sobre o mercado financeiro. Ameaçava revelar suas operações privadas.

Aparentemente, Sérgio Moro e os procuradores propuseram um acordo melhor.  Entregando Lula, Palocci resguardaria suas operações de enriquecimento pessoal e, principalmente, o interesse de seus patrocinadores. Gozaria em liberdade o capital acumulado no período.

Quanto custaria a blindagem de um grande banco de investimento? No episódio da delação de Delcídio, a mera prisão do banqueiro André Esteves provocou uma queda de bilhões de dólares nos ativos do Banco BTG-Pactual.

Aparentemente, a Lava Jato e Sérgio Moro acreditam que os valores envolvidos são miçangas.

O combate à corrupção não pode depender da crença nas virtudes individuais. As empresas precisam ser submetidas a regras e transparência, de accountability. O mesmo se aplica às instituições públicas. Nem será necessário contratar um escritório de advocacia estrangeiro para ensinar que cabe ao agente público a plena publicidade sobre seus ganhos.

Por isso mesmo, para que não pairem dúvidas sobre as omissões da Lava Jato, seria relevante que o Conselho Nacional do Ministério Público explicitasse as palestras pagas dos procuradores, com indicação de valor e de instituição contratante. E que a Receita abrisse as contas das declarações do primeiro-amigo do juiz Sérgio Moro, Carlos Zucolotto.

Luís Nassif
No GGN
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As lições da cobertura da Globo das denúncias de Janot contra Lula e Dilma

Renata Lo Prete no Jornal da Globo
Os últimos dias têm sido muito didáticos para o público brasileiro. Temos aprendido muito sobre a relevância dos fatos. As denúncias de Rodrigo Janot contra Lula, Dilma e o PT em dois dias muito nos ensinam sobre a importância da semiótica para o jornalismo comunicar uma mensagem.

No dia da primeira denúncia de Janot, O Globo produziu mais uma das históricas capas do jornalismo brasileiro. A manchete principal fala da denúncia contra Lula, Dilma e o PT, debaixo do chapéu “corrupção em série”.

Embaixo, a foto das malas de dinheiro de Geddel Vieira Lima. Não há qualquer referência a ele no título. Qualquer leitor que olhe de imediato para a página fará a inevitável associação: esse é o dinheiro da “organização criminosa”, como diz a manchete.

A questão da relevância da notícia, da hierarquia dos fatos, é mais uma vez colocada em xeque. Quem é mais importante para a sociedade nesse momento? Um ex-ocupante de um cargo público ou um mandatário atual?

Para O Globo, é mais relevante falar de Lula e Dilma. Temer, o Presidente da República, é uma manchete que vem abaixo, depois do STF e um ponto e vírgula: “STF reage a áudio da JBS; Temer ganha fôlego”. Mas sua imagem nem aparece, já que a charge abaixo é de Janot e Gilmar Mendes.

E como linha editorial é algo que perpassa uma organização, na TV Globo não poderia ser diferente. O tema de abertura do Jornal da Globo e a primeira reportagem não poderiam ser outros.

“Dois dias, duas denúncias contra Lula e Dilma. Hoje por obstrução de justiça. A nova denúncia do Procurador-Geral da República se refere ao episódio em que ela tentou nomear Lula ministro supostamente para livrá-lo de uma prisão na Lava-Jato”, diz Renata Lo Prete.

Uma das primeiras informações da reportagem é o tempo de prisão, que pode ir de três a oito anos, além de multa. Enquanto isso, a imagem mostra os ex-presidentes descendo a rampa do Palácio do Planalto.

O áudio anulado por Teori Zavascki é reproduzido. Em seguida, é defendido pela repórter. “Essa conversa foi divulgada com autorização do juiz Sérgio Moro. O telefone de Lula estava sendo monitorado com autorização da Justiça”.

“A Procuradoria-Geral da República afirma que essa nomeação era uma tentativa de assegurar foro privilegiado a Lula no Supremo Tribunal Federal, tirá-lo da esfera de Sérgio Moro na primeira instância, evitar uma prisão”, explica.

Aí a reportagem diz que o áudio da conversa não pôde ser utilizado. Frustra-se quem espera saber por quê. “A conversa gravada não pôde ser utilizada como prova. Foi anulada por decisão do ministro do Supremo Teori Zavascki, que morreu em janeiro”.

Os motivos da anulação, o pedido de desculpas exigido por Zavascki a Moro pelo fato de este ter usurpado a competência do Supremo ao divulgar uma gravação envolvendo uma autoridade (a então presidente da República Dilma Rousseff), a interceptação ilegal pelo fato de a gravação ter sido feita depois do horário permitido… Nada disso é lembrado ou explicado ao público.

Nada disso é problema. O que importa mesmo é incriminar os ex-presidentes. “Mas a Procuradoria enxergou outros indícios de obstrução de justiça, como o ato da nomeação, a nota oficial divulgada por Dilma após o áudio, que confirmava que pretendia dar posse a Lula e outros depoimentos”.

Ora… O ato da nomeação de quem o presidente quiser não seria uma prerrogativa do cargo? Virou crime? Que nota oficial divulgou a presidente? É indício de crime ela dizer na nota que queria dar posse a Lula como ministro? Não se tratava de um fato público e notório? A que depoimentos se refere a repórter?

Na ausência de explicações ou argumentos, faz-se uma associação. Fala-se de outro membro do Partido, próximo a Lula e Dilma, denunciado pela PGR. “O ex-ministro Aloizio Mercadante também foi denunciado. O procurador afirma que ele tentou evitar a delação premiada do senador cassado Delcídio do Amaral”. Onde há fumaça, há fogo, pensará o telespectador.

Claudia Bomtempo esclarece que a PGR quer que o caso fique no Supremo, porque tem a ver com a denúncia de organização criminosa. Enfim, amarradas as duas denúncias.

Ela fala ainda do inquérito aberto contra Eduardo Cardozo e que foi arquivado. Não há gráficos, animações, ou imagens especiais explicando o que isso significa. No meio de tantas informações sobre a organização criminosa, o que será que isso quer dizer?

Logo em seguida, vêm as respostas dos citados, cheias de “segundo…”.



Dois dias, duas denúncias contra Lula e Dilma… Por quê? Onde estão Heraldo Pereira ou os comentaristas da emissora para levantar hipóteses, explicações para esse fato atípico da política e da justiça brasileiras? Qual a relação disso com o contexto e as novas gravações que vieram à tona? Existe alguma?

A notícia é importante, é relevante, abre o noticiário, mas, na ausência de fotos, vídeos e gravações, não precisa de muita explicação. É só falar em Dilma, Lula e o PT que o público já entende. É crime. É só mostrar o juiz Sérgio Moro que já dá pra entender qual é o lado certo e o lado errado da história. O que confundir os papéis dessa trama, deixa-se de lado.

A semiótica é clara. Na ausência de provas, o que vale é a convicção.

Willy Delvalle
No DCM
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Celso Amorim: “Lula, líder do povo e homem de Estado”


Foi com enorme honra que recebi, em dezembro de 2002, o convite do presidente Lula para ser seu ministro das Relações Exteriores. Diplomata de carreira, eu fora chanceler de Itamar Franco e havia representado o Brasil, em diversos governos, perante às Nações Unidas, em Nova Iorque, à Organização Mundial do Comércio e outras organizações internacionais em Genebra.

Quando recebi o convite, era embaixador do Brasil junto ao governo britânico.

A opção do presidente recém-eleito por um funcionário de carreira já denotava sua visão sobre como deveria ser conduzida a política externa em seu governo, já que não faltavam, nos próprios quadros do Partido dos Trabalhadores, pessoas com qualificações e com amplo conhecimento e experiência na realidade internacional.

Mais do que qualquer outra coisa – uma vez que jamais tivéramos contato direto – , o presidente Lula quis significar, com essa opção, que a política externa do Brasil, sem deixar de ser sensível aos anseios populares que o levaram ao poder, seria, sobretudo, uma política de Estado.

Desde logo, percebi que havia grande sintonia em nossas visões. Ao falar à imprensa no momento em que minha indicação foi anunciada, limitei-me praticamente a dizer que a política externa seria levada adiante de forma “ativa e altiva”. Foi esse sentimento, de profundo respeito pela dignidade do país, ao lado da crença na capacidade do povo brasileiro de enfrentar desafios, que norteou nossas posições e iniciativas no cenário internacional. A autoestima substituiu o inexplicável complexo de inferioridade, que, afora alguns momentos excepcionais, costumava marcar a nossa atuação diplomática.

Durante o governo Lula, o Brasil rejeitou acordos comerciais desvantajosos que se nos queriam impor; trabalhou intensamente pela integração sul-americana; fortaleceu as relações com os demais países da América Latina e Caribe; intensificou laços de amizade com a África e os países árabes e rompeu novos horizontes na formação de fóruns e blocos com as grandes nações emergentes. Sem hostilizar nossos parceiros do mundo desenvolvido (ao contrário, criamos uma “parceria estratégica” com a União Europeia e um “diálogo global” com os Estados Unidos), trabalhamos em favor de um mundo mais multipolar, no qual os interesses do Brasil e dos países em desenvolvimento como um todo pudessem ser afirmados e respeitados.

Durante as duas gestões do presidente Lula, o Brasil liderou a criação de uma organização política sul-americana (a Unasul) e esteve à frente da iniciativa da CELAC – Comunidade dos Estados Latino-americanos e Caribenhos.

Pela primeira vez em duzentos anos de vida independente foi possível criar órgãos que representassem o conjunto da América do Sul e da América Latina e Caribe, sem qualquer tipo de tutela externa. O fórum IBAS (Índia, Brasil e África do Sul) não somente abriu novos caminhos para a cooperação sul-sul como esteve na raiz da criação do BRICS, que se constituiu em importante fator de equilíbrio na ordem econômica internacional, até então dominada pelo G7 (grupo de economias mais ricas). O presidente Lula esteve à frente, também, de importantes lutas para erradicar a fome e a pobreza no mundo e para facilitar o acesso de populações pobres a tratamentos de saúde. Sua liderança na reforma das regras do comércio e das finanças internacionais foi amplamente reconhecida, o que se espelhou sobretudo no G20, o grupo das maiores economias, que, para efeitos práticos, substituiu o G7 como principal foro internacional em temas econômico-financeiros.

No plano da paz e da segurança, o Brasil foi chamado a participar de esforços em prol de uma solução pacífica no Oriente Médio, como ocorreu no caso da Conferência de Annapolis, em relação ao conflito Israel-Palestina (o Brasil foi um dos três únicos países em desenvolvimento não-predominantemente islâmicos a participar do encontro). Juntamente com a Turquia, estivemos, em 2010, no centro de uma importante iniciativa para solucionar o problema em torno do programa nuclear iraniano, que viria servir de inspiração ao acordo estabelecido entre as grandes potências e Teerã, em 2015.

Durante os oito anos em que servi diretamente sob as ordens do presidente Lula, pude testemunhar a admiração que ele inspirava nos estadistas das mais variadas partes do mundo. Não seria exagero dizer que, durante esses anos, o Brasil era um “farol” que apontava o caminho do desenvolvimento em direção a uma sociedade mais justa e democrática em um mundo política e economicamente mais equilibrado. Nesses anos, o respeito pelo Brasil atingiu níveis nunca antes alcançados e a figura do nosso presidente era reverenciada por todos, ricos ou pobres, poderosos ou fracos.

Em vários momentos, principalmente nas longas viagens ao redor do mundo, participei de conversas reservadas, em que temas de política internacional se misturavam com os da situação interna no nosso país. Durante todos esses momentos, jamais presenciei, da parte do presidente Lula, gesto ou palavra que não fosse indicativa de sua absoluta integridade moral e dedicação aos objetivos maiores do povo brasileiro.

Recordo-me de uma primeira viagem pelo interior do Nordeste, em que Lula fez questão de mostrar aos seus ministros (a maioria dos quais oriundos de partes mais bem aquinhoadas do país) a verdadeira realidade brasileira. Constatei, com misto de surpresa e espanto, não só a afeição, mas também a confiança que o povo pobre do Brasil depositava no líder que acabara de assumir. Há poucas semanas, acompanhei novamente Lula em um trecho de sua “caravana” àquela região e pude constatar que a mesma relação de confiança se preservou. Melhor: foi reforçada pelos avanços sociais que seu governo trouxe. É, pois, com grande tristeza, que vejo as tentativas daqueles que sempre defenderam privilégios de classe e atitudes de dependência em relação a potências estrangeiras de desconstruir a imagem e a obra daquele que foi, sem dúvida, o maior líder popular que o Brasil já teve.

Como tantos brasileiros, confio que a justiça, afinal, prevalecerá e que Lula poderá seguir conduzindo o Brasil no rumo de uma sociedade menos desigual e de uma posição de respeito, independência e dignidade no plano internacional.

Celso Amorim é diplomata e ocupou o cargo de ministro da Defesa e das Relações Exteriores por duas vezes
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Globo e Moro armam bomba H com Palocci e produzem morteiro da Segunda Guerra Mundial


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Moro furou o teto constitucional nos últimos 32 meses


O professor universitário Fabiano Kenji Nohama pesquisou mês a mês o salário que Sergio Moro recebeu desde janeiro de 2015 e mostra com números que a maior celebridade do Poder Judiciário é contumaz na ação de furar o teto constitucional.

Seu levantamento mostra que o salário bruto médio mensal de Moro em 2015 foi de R$ 56.960,68. Em 2016, R$ 39.473,88. Nos primeiros sete meses de 2017, o juiz teve salário bruto de R$ 39.024,73.

Pela Constituição, o teto é de R$ 33.763,00, bruto, sem os descontos de imposto de renda e previdência social.

Moro levou para casa em 2015, na média mensal, R$ 29.288,05. Em 2016, R$ 28.718,92 e, em 2017, nos primeiros sete meses, R$ 28.404,97.

É mais do que recebe, por exemplo, o ministro Luís Roberto Barroso, do Supremo Tribunal Federal, que em entrevista a Gerson Camarotti, do G1, revelou receber R$ 23 mil líquidos.

Ao votar contra o aumento de 16,38% no salário dos ministros do Supremo, Barroso disse que considera uma “fraude” salários pagos acima do teto.

Moro teve vencimentos brutos acima do teto em todos os 32 meses pesquisados pelo professor Fabiano. Em cinco meses, o salário líquido foi superior a R$ 50 mil. Em dois, maior do que R$ 60 mil. Em um mês — dezembro de 2016 —,  ultrapassou os R$ 100 mil.

Fabiano procurou no site do Tribunal Regional Federal da 4a. Região a justificativa para salários tão elevados e encontrou “referências muito vagas”.

A maior parte da receita de Moro paga pelos cofres públicos no mês de dezembro de 2016 foi sob a rubrica “vantagens eventuais”.

Quando se clica na interrogação que acompanha a rubrica, informa-se que o juiz recebeu R$ 83.379,50 a título de: “Adicional de 1/3de férias, antecipação de férias, gratificação natalina, antecipação de gratificação natalina, serviço extraordinário, substituição, convocação, gratificação de acúmulo de jurisdição, além de outras desta natureza”.

Dezembro de 2016 foi o mês em que juiz fez pelo menos três palestras ou conferências, uma delas em Heidelberg, na Alemanha, no dia 9.

Fica difícil entender por que, neste mês, ele recebeu por “serviço extraordinário”, já que teve de se ausentar de Curitiba para suas atividades extra jurisdicionais.

“O site não informa qual é o serviço extraordinário. É muito pouco transparente”, disse ao Diário do Centro do Mundo o professor, que constatou também que o TRF 4 não fala a verdade quando informa, em nota , que nenhum desembargador ou juiz recebe acima do teto constitucional.

O resultado do levantamento de Fabiano foi publicado em sua página no Facebook, com o printscreen de todas as consultas. Na postagem, ele informa:

“Procurei apurar as informações com calma tendo uma pontinha (quase invisível) de esperança na veracidade da notificação (a nota em que o TRF garante respeitar o teto constitucional). Afinal, ainda é um tribunal federal e eles poderiam ter dado atenção ao abuso salarial detectado no ano passado. Mas tal esperança cai por terra ao passar pelos valores do salário de Moro de 2016 e 2017 (até o mês atual). (…) Podemos afirmar que:

1) O salário médio do juiz permaneceu acima do teto constitucional em 2016 (e mantém a mesma tendência em 2017).

2) No período de 2 anos e 8 meses deste levantamento, o salário mensal do juiz ficou acima do teto constitucional em TODOS os meses, sem uma única exceção (como diabos isso se encaixa no EVENTUAL recebimento acima do teto na nota do TRF4?).

3) O que a nota chama de parcelas EVENTUAIS e EXTRAORDINÁRIAS atinge valores de até R$58.000 na remuneração de Moro. E elas deixaram de ser pagas raríssimas vezes (4 meses em 2015, 2 meses em 2016 e 1 mês em 2017), indicando que o não pagamento da parcela EVENTUAL que é a verdadeira exceção.”


O professor Fabiano Kenji Nohama em Berkeley
Fabiano Kenji Nohama é de São Paulo, estudou Física na Unicamp, onde também fez mestrado e doutorado na área de Física e de computação quântica. Há sete anos, é professor concursado da Universidade Federal de Tocantins, onde coordena o curso de Engenharia, Bioprocesso e Biotecnologia.

Seu salário bruto é de R$ 12.600 – líquidos R$ 9.225,00. Já fez palestras na Europa e nos Estados Unidos – a última delas em Berkeley, na Califórnia. Tem celular, mas não o aplicativo de WhatsApp. Sua pagina no Facebook tem apenas uma foto – 3 por 4 —, que ilustra o perfil.

Criou a página no auge do movimento que resultou no golpe contra Dilma Rousseff, como forma de incentivar os alunos a debater o momento que ele viu como histórico. Deixou de ver o Jornal Nacional e de ler a Folha de S. Paulo há dez anos, quando detectou uma sistemática prática de manipulação.

Hoje lê apenas veículos da mídia independente, principalmente o Diário do Centro do Mundo e o Tijolaço. Fez a pesquisa sobre Sergio Moro como forma de protesto, diante do que vê como justiça de dois pesos e duas medidas e veículo para perseguição política.

“Meu levantamento é muito simples. Foi apenas uma forma de tentar divulgar as informações escondidas pela grande mídia”, afirmou. Para facilitar o entendimento, ele ainda recorreu à sátira, com uma montagem em que brinca com o título do filme sobre a Lava Jato:

“A Lei Não É para Todos – Um ano e meio depois da revelação do supersalário, o Eliot Ness do 60 Minutos não quis largar o butim com o dinheiro do povo” é o título da montagem, com a foto de Moro dando entrevista à TV americana.

Joaquim de Carvalho
No DCM
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A testemunha que não estava lá


Duas das acusações mais importantes de Palocci no depoimento a Moro ocorreram exatamente assim:

— O senhor Emilio Odebrechet ofereceu a Lula um sítio de presente, um prédio ao lado do Instituto Lula e uma conta de R$ 300 milhões para ele usar em campanhas eleitorais - acusou Palocci.

— O senhor estava neste encontro  — pergunta Moro.

NÃO — responde o delator.

Mais adiante:

— Em 30 de dezembro, Lula chamou Dilma, recém-eleita, para um encontro com o dono da Odebrecht e disse que queria que ela preservasse as relações que ele tinha com a empresa em todos os seus aspectos, lícitos e ilícitos — acusou Palocci.

— O senhor estava nesta reunião — pergunta Moro.

NÃO — responde de novo o delator.

Palocci deve ser a primeira testemunha do mundo que não viu porque não estava no lugar em que os crimes que denuncia aconteceram.

Mario Marona
No Esquerda Caviar
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Antonio Palocci, quem diria, acabou em Curitiba

O que será que leva alguém a decidir envelhecer desse jeito?


Acabei de ver em vídeo a íntegra do depoimento do ex-ministro Antonio Palocci ao juiz Sérgio Moro, ocorrido hoje em Curitiba.

Chama a atenção o comportamento escandalosamente parcial de Moro em defesa de Palocci.

Mas isso não é novo. Todo mundo já sabe quem é Sérgio Moro.

A surpresa da tarde foi Palocci.

Ele me lembrou os “arrependidos”, ou “desbundados”, da luta contra a ditadura militar. Gente que em troca da redução da pena, ou até mesmo da libertação imediata, aceitava ir à televisão entregar antigos companheiros, fazer mea culpa política e abjurar suas antigas convicções.

Curiosamente, ao contrário do sentimento que me despertavam os desbundados dos anos 70, não fiquei com nojo do Palocci. Fiquei com pena, muita pena.

Palocci já é quase um sexagenário. O que será que leva alguém a decidir envelhecer desse jeito?

Fernando Morais
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Nota sobre depoimento de Palocci

http://www.institutolula.org/nota-sobre-depoimento-de-palocci

A história que Antonio Palocci conta é contraditória com outros depoimentos de testemunhas, réus, delatores da Odebrecht e provas e que só se compreende dentro da situação de um homem preso e condenado em outros processos pelo juiz Sérgio Moro que busca negociar com o Ministério Público e o próprio juiz Moro um acordo de delação premiada que exige que se justifique acusações falsas e sem provas contra o ex-presidente Lula. Palocci repete o papel de réu que não só desiste de se defender como, sem o compromisso de dizer a verdade, valida as acusações do Ministério Público para obter redução de pena e que no processo do tríplex foi de Léo Pinheiro.

A acusação do Ministério Público fala que o terreno teria sido comprado com recursos desviados de contratos da Petrobrás, e só por envolver Petrobrás o caso é julgado no Paraná por Sérgio Moro. Não há nada no processo ou no depoimento de Palocci que confirme isso. Sobre a tal “planilha”, mesmo Palocci diz que era um controle interno do Marcelo Odebrecht e que “acha” que se refere a ele. Ou seja, nem Palocci conhecia a tal planilha, quanto mais Lula.

Palocci falou de uma série de reuniões onde não estava e de outras onde não haveriam testemunhas de suas conversas. Todas falas sem provas.

Marcelo por sua vez diz ter pedido que seu pai contasse para Lula e Emílio negou ter contado isso para Lula.

O réu Glauco da Costa Marques reafirmou em depoimento ser o proprietário do imóvel vizinho ao da residência do ex-presidente e ter contrato de aluguel com a família do ex-presidente, e que está recebendo o aluguel. Uma relação de locador e locatário não se confunde com propriedade oculta.

Processos fora da devida jurisdição com juiz de notória parcialidade, sentenças que não apontam nem ato de corrupção nem benefício recebido, negociações secretas de delação com réus presos que mudam versões de depoimento em busca de acordos com o juízo explicitam cada vez mais que os processos contra o ex-presidente Lula na Operação Lava Jato em Curitiba não obedecem o devido processo legal.

O Instituto Lula reafirma que jamais solicitou ou recebeu qualquer terreno da empresa Odebrecht e jamais teve qualquer outra sede que não o sobrado onde funciona no bairro do Ipiranga em residência adquirida em 1991.

O ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva reafirma que jamais cometeu qualquer ilícito nem antes, nem durante, nem depois de exercer dois mandatos de presidente da República eleito pela população brasileira.

Cristiano Zanin Martins
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História Geral da Arte — Rousseau


Rousseau

Henri Rousseau trouxe vitalidade, charme e, principalmente, inocência à arte. Suas imagens em cores vivas de florestas e animais selvagens imaginários são quase infantis em sua execução, mas estão entre as mais fascinantes já produzidas, apesar de suas imperfeições técnicas.

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Mino Carta: Nacionalismo e Patriotada


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Caso do ejaculador: de como o Direito nos funda e a moral nos afunda

É em Os Irmãos Karamazov que Dostoiévski apresenta a fábula d’O Grande Inquisidor, na qual Ivan Karamazov, personagem da obra, conta a seu irmão mais jovem, Alyosha, uma fábula segundo a qual Jesus Cristo volta à Terra e é preso e julgado pela Inquisição. No cárcere, um padre diz a seu ilustre prisioneiro que resistir às tentações do Mal em seu período no deserto foi sua ruína. Ao fazê-lo, Cristo também passou a exigir demais do homem, incapaz de resistir às tentações da mesma maneira. Segundo o Grande Inquisidor, o homem é fraco, incapaz de oferecer qualquer resistência quando é tentado.

Por que trago isso? Porque, ao que parece, damos razão ao Grande Inquisidor de Dostoiévski. Parecemos incapazes de resistir às tentações que nos são constantemente apresentadas. Todos os dias. Desta vez, o episódio de um homem que ejaculou em uma mulher dentro de um ônibus. Uma vez mais, fomos tentados a corrigir as insuficiências ou as demasias do Direito por nossas próprias apreciações morais. Direito das ruas e direito das redes. Eis a pressão. Uma vez mais, até os juristas parecem falhar no teste. O que é unanimidade — a proibição de analogia in malam partem — acaba sendo uma coisa “não-tão-ruim-assim-desde-que…”. Deveríamos todos ler a velha doutrina e o projeto do CP comandado por Juarez Tavares, pelo ICC: É vedado o recurso à analogia para definir, agravar ou qualificar crime, ou impor pena. Simples assim. E não vejo dúvida na interpretação do que seja definir, agravar, qualificar…

Sigo. Quem escolhe o Direito faz, ao mesmo tempo, outras escolhas implícitas que são originárias da primeira. Há um custo inescapável. Escolhendo-se o Direito, escolhe-se também abrir mão de se portar como torcedor. Numa palavra: por que existe o Direito? Simples. Não existe um ponto arquimédico; nunca falamos a partir de um grau zero de sentido. Sempre veremos o mundo a partir da moral, e é por isso que só há uma saída: o Direito impede que falemos o mundo simplesmente e somente pela moral. O Direito nos salva de nós mesmos.

Parece óbvio dizer isso. Não é de agora que venho tratando sobre as relações entre Direito e moral (ver, por exemplo, aquiaqui e aqui — e tantas outras passagens). Da mesma maneira, é óbvio que o episódio do ônibus é abjeto. Que dúvidas temos sobre isso? Nenhuma. O ponto é que não se trata disso. Estamos novamente sob teste, e esta nova tentação lançou luz a uma contradição: até alguns juristas garantistas rapidamente esquecem garantias quando se veem diante de algo que ofenda seus próprios juízos morais (ou de gênero, como é o caso). Transformam Ferrajoli em Jakobs em questão de segundos. Ora, as políticas legislativas ad hoc em questões criminais sempre foram alvo dos juristas críticos/progressistas (sei lá como podemos nos autodenominar): não é uma contradição concordar com os termos daquilo que sempre se criticou? Lei Medina, Lei dos Remédios, Daniela Peres, etc. Na verdade, isso é fruto da fórmula: omitimo-nos no atacado e nos indignamos no varejo. A propósito: sugiro a leitura do texto de Joel Pinheiro da Fonseca: Mais preocupantes são as justiças das ruas e das redes.

Lembremos: a partir do Direito abrimos mão de várias coisas. Escolher o Direito é escolher que não temos mais escolhas — temos decisões. Esse é o busílis. Decisões adstritas ao e fundamentadas no Direito. Não na moral, não na política, não na economia, enfim, não em seus predadores externos. O Direito exige um elevado grau de autonomia, e ignorar a lei, cedendo aos predadores externos, é um luxo ao qual os juristas não se podem dar. Ignorar os limites hermenêuticos também. Veja: há quem tenha defendido, diante do episódio,[1] a aplicação do artigo 213 do Código Penal. Outros defenderam a aplicação do artigo 215, outros a hipótese do artigo 217-A, e por aí vai. Todos em disputas semânticas acerca de termos como “constranger” e “oferecer resistência”.

Ora, é evidente que as palavras são plurívocas, dotadas de caráter retórico inclusive no Direito Penal. Acontece que, descontada a retórica, permanecem limites, que têm consistência diferente no Direito Penal na comparação com outras áreas. Por quê? Simples: Serve para evitar a “criatividade” na hora em que o jurista for tentado pela moral. Um estelionato não vira homicídio, assim como um estupro, que exige violência e é considerado hediondo, obedece a limites hermenêuticos de atribuição de sentido. Mais diretamente: onde estão, no caso do ônibus, os requisitos de vulnerabilidade e violência? Antes que assim o digam, observem que, contrariamente ao que foi dito por aí, a moça não dormia (ver entrevista da vítima aqui, assim como a decisão do juiz aqui).

Desde 2009, o tipo penal de estupro — artigo 213, CP — passou a englobar o antigo tipo de atentado violento ao pudor — art. 214, revogado pela Lei 12.015/09. Por isso, em meus pareceres no Ministério Público, quando confrontado com atos libidinosos (como beijo lascivo ou apalpada nas nádegas – que nos compêndios que glosavam a jurisprudência de então assim constava: “beijo lascivo configura atentando violento ao pudor, conforme jurisprudência dominante), sempre referi que se o legislador optou por juntar o antigo artigo 214 ao velho artigo 213, é porque o ato libidinoso de agora não pode ser o ato libidinoso de antes. Acaciano isso. Caso contrário, qualquer gesto ou ato seria um estupro, tornando o artigo 213 inconstitucional face a Übermassverbot (proibição do excesso). No mesmo sentido, ainda, lembremos que a aplicação do artigo 213 seria analogia in malam partem, algo vedado.

É justamente nessa linha, em texto pelo portal Justificando (ver aqui), que Bárbara Bastos e Leonardo Isaac Yarochewsky bem nos lembram que certos atos libidinosos — por mais reprováveis, graves, repugnantes que sejam — não se equiparam àqueles praticados com violência ou grave ameaça. É isso: reprovação fundada em juízos morais é uma coisa; Direito é outra. E eu acrescento: ainda bem! Caso contrário, as Erínias teriam comido o rim e o fígado de Orestes.

Ou seja, Direito não é vingança. As Erínias das quais falei acima foram vencidas pela Deusa Palas Atena nas Eumênidas de Ésquilo (embora, atualmente, tenham se mudado, todas, para o Facebook — a voz das redes!!). Pelo contrário: é o Direito que serve de freio à ânsia punitivista, que inauguraria um verdadeiro estado de natureza hobbesiano. Basta lembrar o caso do atirador norueguês: réu confesso, matou 77 pessoas (numa tentativa conter aquilo que chamava de “islamização da Europa”) e, quando perguntado se estava arrependido, respondeu afirmativamente: sim, estava arrependido… de não ter matado mais. O assassino, declarado mentalmente são e culpado, foi condenado a… 21 anos de prisão.

Por quê? Porque essa era a pena máxima prevista pelo ordenamento norueguês. E não vimos juristas noruegueses bradando: mas foi um crime bárbaro: merece pena mais alta, etc. Ponto. Qualquer coisa para além disso seria decidir para além do Direito. E isso é antidemocrático. Desnecessário dizer o risco que seria um juiz decidir algo nos termos de “a pena máxima prevista é de 21 anos, mas a moral popular e minha consciência dizem que o crime é muito grave. Condeno o réu a 50 anos de prisão”. Se nem o Direito representar limites, não há accountability alguma. Interpretar não é — e não pode ser — um ato de vontade, e qualquer insatisfação não deve, nem pode ser corrigida por voluntarismos.

Meu ponto é que a legitimidade para determinar a punição adequada a determinado ato pertence ao Direito, não à moral pessoal de cada um. E nem à moral da voz das ruas e das redes, as Eríneas contemporâneas. Aliás, nunca se sabe como é essa voz… E surpreende ver parcela de juristas — e digo isso com toda a lhaneza e respeito — sempre tão contrários a repressões antidemocráticas, recorrendo a um punitivismo-de-gênero quando o ato em questão ofende concepções morais. Ao fim e ao cabo, a comunidade jurídica está sendo novamente colocada em teste e está novamente dando razão — mesmo que sem querer — ao Grande Inquisidor. E mais uma vez, esta é a pergunta que fica: se a moral corrige o Direito, quem corrige a moral? Quero ver decifrarem essa.

Como se pode ver, são casos como este que nos colocam em teste. Também é diante de casos como este que surgem os discursos do tipo “não sou punitivista, mas…”. Sempre há um mas. E depois dele, sempre vem… um discurso punitivista. Veja-se: ser a favor de que crimes graves sejam punidos com rigor não quer dizer que punições possam ser feitas à revelia de uma ortodoxia penal-processual (no caso do ejaculador, o punitivismo se mostrou no querer punir para além do ordenamento). Lembro, aqui, o que bem diz Benjen Stark, personagem de Game of Thrones: “nothing someone says before the word ‘But’ really counts”; ou seja, nada que alguém diz antes do “mas” realmente conta. É o caso, por exemplo, de manifestações como essa.

Veja bem, com o devido respeito à articulista desse texto que está no link citado na linha acima, seu texto é mais um exemplo de “não… mas sim”. Mais um exemplo que cai no velho problema do ser — dever ser; a diferença fundamental entre is e ought. É simples: não se pode deduzir o que deveria… do que é. Ou isso, ou encaramos a guilhotina de David Hume. Mais simples ainda: sou jurista, não filósofo moral. Ofereçam perguntas e minha resposta será jurídica. E assim deve ser a do Judiciário. Os fundamentos segundo os quais uma decisão jurídica será certa ou errada devem ser jurídicos, nunca extrajurídicos. Ora, se há razões morais para que um acusado seja preso, bem, essa é outra questão. Não é por menos que isso que Dworkin sempre nos lembra que os juízes têm responsabilidade política. E essa responsabilidade implica, sob um olhar hermenêutico, suspender os pré-juízos, que, por sua vez, implica não ceder a esquizofrenias, como já alertava Alessandro Baratta, há mais de 25 anos atrás, quando lançamos um livro em conjunto.

Portanto, peço desculpas pela minha ortodoxia e pela luta em prol do Direito. Também peço desculpas por ter falado… em Direito (essa coisa fora de moda), e não em filosofia moral, sociologia, psicanálise. É que… é de Direito que estamos tratando.


[1] Post scriptum de rodapé: Estou ciente dos 17 casos pretéritos de envolvimento do acusado em questão em situações similares. Sei bem que 13 deles foram enquadrados em ato obsceno ou importunação, um na hipótese do artigo 215 do CP, bem como sei que um foi considerado estupro tentado, e outro estupro consumado. Só um foi julgado. Da mesma maneira, estou ciente do caso mais recente, em que o “ejaculador”, que voltou a praticar o mesmo ato, novamente dentro de um ônibus, teve o flagrante homologado e a prisão preventiva decretada. A decisão do magistrado parece ter acalmado o clamor público — o que, por óbvio, e pelas mesmas razões expostas acima, não quer dizer que o juiz tenha acertado. Voltarei a esse assunto, inclusive, em outra coluna. O ponto é que nem os casos anteriores, nem os posteriores, têm o condão de influenciar na apreciação deste. O que gerou a discussão foi o fato específico e, se desviarmos disto, a velha guilhotina de Hume estará novamente à nossa espera.

Lenio Luiz Streck
No ConJur
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