14 de jan de 2015

Julian Assange critico la actuacion de los servicios secretos francese en el atentado

“¿Por qué Charlie no estaba más protegida?”

Desde la Embajada de Ecuador en Londres, donde permanece desde hace dos años y medio a causa de su lucha por la libertad de expresión, el fundador de Wikileaks analiza causas y consecuencias de la masacre y alerta sobre los riesgos que se avecinan.

“Como editor, pienso que fue extremadamente triste lo que
sucedió”, dijo Assange desde su exilio en la embajada.
La interpretación de la masacre de Charlie Hebdo se ha convertido en un territorio en disputa. La libertad de expresión y la relación con la minoría musulmana, la dicotomía entre multiculturalismo a la británica o integración secular a la francesa, la lucha antiterrorista y la privacidad son algunos de los ejes del debate. En el Reino Unido, el director del MI5, Andrew Parker, propuso una nueva ley antiterrorista que conceda más poderes de vigilancia electrónica a los servicios secretos y un importante editor e historiador conservador, Mark Hastings, no dudó en acusar como corresponsables de lo sucedido al fundador de Wikileaks, Julian Assange, y al ex agente de la CIA Edward Snowden.

Mientras Snowden vive en Rusia con un permiso de asilo temporal, Assange está recluido en la embajada de Ecuador en Londres por la presión judicial a la que lo someten Suecia –que sigue demandando su extradición por presuntos delitos sexuales– y Estados Unidos, que lo acusa de terrorismo mediático. El fundador de Wikileaks se transformó en un símbolo de la libertad de expresión al difundir millones de cables diplomáticos de Estados Unidos sensibles a la opinión pública mundial. Desde la sede diplomática donde permanece desde hace dos años y medio a la espera de autorización para dejar el país, Assange dialogó con Página/12.

— ¿Cuál es su interpretación de la masacre de la semana pasada?

— Como editor, pienso que fue extremadamente triste lo que sucedió con una publicación que representa la gran tradición francesa de la caricatura. Pero hoy tenemos que mirar adelante y tratar de pensar qué pasó y cuál debe ser la reacción. Hay que entender que cada día se está produciendo una masacre de esa magnitud en Irak y otros países del mundo árabe. Y esto ha sucedido gracias a los esfuerzos desestabilizadores de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Francia ha participado en el suministro de armas en Siria, Libia y en la recolonización del estado africano de Mali. Esto ha estimulado el ataque, en este caso usando un objetivo fácil como Charlie Hebdo. Pero la realidad es que el servicio secreto francés deja muchas preguntas abiertas sobre lo sucedido.

— ¿Cree que ha habido un fracaso de los servicios secretos franceses?

— Es lo que se está tratando de ocultar. Los servicios de seguridad de Francia sabían de las actividades de los responsables de la masacre, y sin embargo dejaron de vigilarlos. ¿Por qué los hermanos Kouachi, conocidos por sus lazos con extremistas, no estaban bajo vigilancia? Cherif Kouachi había sido condenado por delitos terroristas y había servido 18 meses en prisión. Ambos estaban en listas de potenciales terroristas. Lejos de estar enviándose mensajes encriptados, se comunicaron cientos de veces antes y durante los ataques con celulares comunes y corrientes. Hay muchas preguntas. Por ejemplo, ¿por qué las oficinas de Charlie Hebdo no estaban mejor protegidas, dadas las duras críticas de la revista al Islam? O ¿cómo pudieron conseguir conocidos jihadistas armas semiautomáticas en Francia? Se ha tratado de presentar a los asesinos como súper villanos para ocultar la propia incompetencia de los servicios. La realidad es que los terroristas eran amateurs bastante incompetentes que chocaron el coche, dejaron su cédula de identidad a la vista y coordinaron sus movimientos por teléfono. No se necesitaba una vigilancia masiva de Internet para evitar este hecho: se requería una vigilancia específica.

— Una percepción bastante extendida es que usted y Wikileaks se oponen a la vigilancia electrónica. En realidad, usted hace una clara distinción entre vigilancia masiva y vigilancia con objetivos definidos.

— La vigilancia masiva es una amenaza a la democracia y a la seguridad de la población, ya que otorga un poder excesivo a los servicios secretos. El argumento para proponerla es que así se puede hallar gente que no se conocía de antemano. Lo que vemos en el caso de París es que los protagonistas habían sido identificados. Debería haber una investigación profunda de cómo se cometieron estos errores, aunque mi experiencia es que esto no va a ocurrir porque estos servicios son corruptos y lo son porque son secretos. La vigilancia masiva no es gratis y en este sentido es una de las causas de lo sucedido, porque se le restaron recursos y personal para lo que tendría que haber sido la vigilancia específica de una amenaza terrorista.

— Una de las reacciones más virulentas en la prensa británica fue la del historiador Max Hastings, que lo acusó a usted y a Snowden de responsabilidad en estos hechos. Hay muchas voces que piden que se ajuste más el torniquete sobre Wikileaks. ¿Siente que Wikileaks está amenazada por la actual situación?

— Hace un año que los sectores vinculados a este modo de ver las cosas, que proponen un aumento de la vigilancia masiva y un recorte de las libertades, están en retroceso por todas las denuncias que ha habido sobre los excesos de espionaje cometidos por los gobiernos, incluso con sus propios aliados. Lo que están tratando de hacer es aprovechar esta situación para recobrar el terreno perdido. Wikileaks ha publicado las caricaturas de Charlie Hebdo utilizadas como pretexto para el atentado, algo que no han hecho diarios como The Guardian o The Times, porque tienen miedo. Pero una de las cosas positivas que han surgido en los últimos días es la defensa de la libertad de expresión. Digo esto a pesar de que en la marcha del domingo estuvieron presentes figuras que son los peores enemigos de la libertad de expresión, como Arabia Saudita y Turquía. Pero por más que estén intentando aprovechar la situación, Wikileaks funciona desde hace bastante tiempo y hemos desarrollado técnicas para lidiar con este tipo de amenazas. No nos van a intimidar. Esperemos que otros medios a nivel mundial tampoco se dejen intimidar.

Marcelo Justo
No Página/12
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O Maranhão no século 21

O Maranhão atravessou todo o século 20 sofrendo as graves consequências do patrimonialismo e do coronelismo, em uma proporção que nenhuma outra unidade da nossa Federação jamais viveu.

O resultado mais nítido desse ciclo é conhecido de todo o Brasil: os piores indicadores sociais do país, produtos desse amálgama entre regime oligárquico tardio e uma desastrada "modernização" baseada em enclaves econômicos.

Desde 1º de janeiro, nosso desafio é virar essa página, fazendo com que o Maranhão seja capaz de gerar um ciclo de direitos que cheguem até a casa de todos. Para isso, o passo inicial é afirmar um novo projeto de desenvolvimento, baseado na alta qualidade das despesas públicas e na ampliação dos investimentos privados.

Visando garantir a concretização dessas metas, adotamos, no primeiro dia de governo, medidas como a criação da Secretaria de Transparência e Controle e do Conselho Empresarial do Maranhão (há que se frisar: sem a criação de um único cargo público a mais).

A Secretaria de Transparência e Controle funciona nos moldes da CGU (Controladoria-Geral da União), com uma atuação preventiva — no que se refere aos gastos do novo governo — e investigativa, no tocante aos diversos e gravíssimos indícios de mau uso do dinheiro público no Maranhão.

Apenas para citar o caso mais recente, lembro as transações entre o doleiro Alberto Youssef e o governo do Maranhão, envolvendo cifras superiores a R$ 100 milhões.

Já o Conselho Empresarial do Maranhão reúne o governador e os secretários com as principais entidades empresariais do Estado, com pautas voltadas à remoção dos entraves para a ampliação da atividade econômica no nosso território. Vinculadas ao conselho, criamos as câmaras setoriais das principais cadeias produtivas aqui instaladas ou para as quais somos vocacionados.

Temos a expectativa também da retomada vigorosa de um importante projeto nacional hoje em ritmo lento: o Centro de Lançamento de Alcântara, que queremos transformar, com políticas complementares, em um polo de geração e irradiação de tecnologia para o desenvolvimento do nosso Estado.

O Maranhão tem vantagens competitivas únicas, tais como o complexo portuário brasileiro mais próximo dos grandes mercados consumidores do planeta, energia e água abundantes. Chegou a hora de usar esse patrimônio a favor do povo maranhense.

Nesses primeiros dias de governo, além de organizar o caos administrativo reinante, uma causa tem mobilizado todos os nossos esforços: a educação. Lançamos o programa "Escola Digna", para eliminar as escolas de taipa e palha no Maranhão, e vamos implantar uma rede estadual de educação profissional em tempo integral, já começando neste ano de 2015.

Trilhando esse e outros caminhos, com o enorme potencial que temos, tenho a convicção de que — nos próximos anos — vamos finalmente colocar o Maranhão no século 21. E com isso pretendemos contribuir para a recuperação da grandeza da política.

A política que é indignada com a injustiça. A política feita com honestidade, que não é um fim em si mesma, mas um instrumento para melhorar a vida das pessoas. A política sem preconceitos, quando é hora de escolher a política pública mais eficiente. A política que respeita as divergências, mas acredita na união em torno dos grandes desafios de um povo.

Flávio Dino, governador do Estado do Maranhão. Foi presidente da Embratur (governo Dilma), juiz federal e deputado federal pelo PC do B 
No fAlha
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CUT propõe renovação da frota para conter demissões


Ministro Miguel Rossetto se compromete a abrir canal de negociações entre trabalhadores e indústria automobilística

Implantação de programa de proteção ao emprego; ampliação de linhas de crédito para compra de veículos e estimular a economia na cadeia produtiva do automóvel; e adoção de um Programa Nacional de Renovação da frota de caminhões.

Essas são as três reivindicações que a CUT apresentou ao ministro Miguel Rossetto, da Secretaria Geral da Presidência República, na tarde de terça-feira (13), com o objetivo de conter demissões na indústria automobilística. O encontro entre o ministro e representantes da Confederação Nacional de Metalúrgicos da CUT (CNM/CUT) aconteceu em Brasília.

Paulo Cayres, da CNM; Rafael Marques (Sindicato dos Metalúrgicos do ABC); José Roberto Nogueira (diretor de Organização do mesmo sindicato); e o economista Fausto Augusto Júnior (do Departamento Intersindical de Estudos Sócio-Econômicos/Dieese) participaram da reunião.

A adoção das três propostas pelo governo pode representar “garantia de empregos e a retomada do crescimento pelo setor automotivo”, manifestou o grupo, em nota à imprensa. De dezembro para cá, duas montadoras dispensaram mais de mil trabalhadores: 800 pela Volkswagen e 244 pela Mercedes Bens.

A CNM informou ainda que Rossetto “foi receptivo” e se comprometeu a apresentar as reivindicações à presidenta Dilma Rousseff e aos ministros do Trabalho, Manoel Dias, e do Desenvolvimento, Indústria e Comércio, Armando Monteiro.

“O ministro (Rossetto) se dispôs ainda a auxiliar nas negociações com a Volkswagen e a Mercedes-Benz para solucionar o impasse gerado com as demissões nas duas montadoras”, avaliou Cayres. A disposição em abrir negociações foi testemunhada pelo grupo. Na presença de todos, Rossetto conectou-se por telefone com o Luiz Moan, presidente Associação Nacional dos Fabricantes de Veículos Automotores (Anfavea).

As reivindicações levadas ao governo foram aprovadas no dia anterior (12), em ato público que reuniu mais de 20 mil metalúrgicos da Volkswagen, Ford, Mercedes-Benz e Karmann Ghia, em São Bernardo do Campo. Cerca de 13 mil empregados da VW permanecem em greve desde o dia 6 deste mês para tentar reverter as demissões.

A CUT informou à Agência PT de Notícias que uma nova rodada de negociações com Rossetto está marcada para o dia 19, com a presença de representantes das principais centrais sindicais do país, na qual tentarão inviabilizar as medidas provisórias que estabeleceram restrições contra abusos no acesso a direitos.

Márcio de Morais
No Agência PT de Notícias
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Kamel versus Nassif: a diferença de tratamento que a Justiça dá a casos semelhantes

Falta de objetividade e de coerência nas decisões da Justiça
Da Justiça se espera ao menos uma coisa: que seja coerente nas decisões.

É a única forma que os cidadãos têm de medir eventuais consequências jurídicas de suas ações.

Estou falando isso a propósito da decisão da Justiça do Rio de condenar Luís Nassif a pagar 50 mil reais de indenização para Ali Kamel, diretor de jornalismo da TV Globo.

A juíza Larissa Pinheiro Schueler baseou sua decisão no fato de Nassif haver afirmado que Ali Kamel é “manipulador” e faz “jornalismo de hipóteses”. Isso, segundo ela, extrapolaria o “direito à informação”.

Aplique esta mesma lógica não apenas para Nassif, mas para a mídia em geral. Não faz muito tempo, no âmbito da mesma Globo de Kamel, os nordestinos foram chamados de “bovinos” por Diogo Mainardi.

Se “manipulador” custa 50 mil reais, qual seria a indenização para “bovinos”? Ou, já que falamos de Mainardi, de “anta”, como ele tratava rotineiramente Lula em seus dias de colunista da Veja?

A Justiça deveria, em tese, ser igual para todos, mas é mais igual para alguns do que para outros.

Há uma decisão jurídica recente que demonstra isso com brutal precisão.

O jornalista Augusto Nunes, o Brad Pitt de Taquaritinga, foi processado por Collor. Quer dizer: Collor fez o que Kamel fez.

Com uma diferença: perto do que Nunes disse dele, Nassif arremessou flores na direção de Kamel.


Um trecho: “… o agora senador Fernando Collor, destaque do PTB na bancada do cangaço, quer confiscar a lógica, expropriar os fatos, transformar a CPMI do Cachoeira em órgão de repressão à imprensa independente e, no fim do filme, tornar-se também o primeiro bandido a prender o xerife.”

O site Consultor Jurídico noticiou o caso assim:

“Na sentença, a juíza Andrea Ferraz Musa, da 2ª Vara Cível do Foro de Pinheiros, disse que, em um estado democrático, o jornalista tem o direito de exercer a crítica, ainda que de forma contundente.

(…) “Embora carregada e passional, não entendo que houve excesso nas expressões usadas pelo jornalista réu, considerando o contexto da matéria crítica jornalística. Assim, embora contenha certa carga demeritória, não transborda os limites constitucionais do direito de informação e crítica”, disse a juíza.

(…) No pedido de indenização, Collor alegou que foi absolvido de todas as acusações de corrupção pelo Supremo Tribunal Federal e que há anos vem sendo perseguido pela Abril.

A juíza, entretanto, considerou irrelevante a decisão do STF. “As ações políticas do homem público estão sempre passíveis de análise por parte da população e da imprensa. O julgamento do STF não proíbe a imprensa ou a população de ter sua opinião pessoal sobre assunto de relevância histórica nacional”, justificou.”

Um momento. Ou melhor: dois momentos. “Irrelevante” a decisão do STF? Então você é absolvido de acusações na mais alta corte do país e mesmo assim isso não vale nada? Podem continuar a chamar você de bandido sem nenhuma consequência?

A juíza aplicou uma espetacular bofetada moral no STF em sua sentença. Como para Augusto Nunes, também para ela não houve nenhuma consequência.

Se um juiz trata assim uma decisão da Suprema Corte, qual o grau de respeito que os cidadãos comuns devem ter pela Justiça?

O segundo momento é por conta da expressão “certa carga demeritória”. Raras vezes vi uma expressão tão ridícula para insultos e assassinato de imagem.

Regular a mídia é, também, estabelecer parâmetros objetivos para críticas e acusações feitas por jornalistas.

Não é possível que “manipulador” custe 50 mil reais e “bandido”, “chefe de bando”, “farsante” e “destaque da bancada do cangaço” zero.

Quando você tem sentenças tão opostas, é porque reinam o caos e a subjetividade.

A única coisa que une o desfecho dos dois casos é que jornalistas de grandes empresas de mídia se deram muito bem.

Isso é bom para eles e as empresas nas quais trabalham.

Para a sociedade, é uma lástima.

Paulo Nogueira
No DCM
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O golpe de Veja na eleição de 2014

Para além da cobertura semanal de Veja absolutamente coerente no combate ao projeto político em curso desde 2003, publicamos aqui a análise da cabeça de ponte do golpe midiático tentado pelo Grupo Abril contra a reeleição de Dilma Rousseff, a edição 2397 da revista, datada de 29 de outubro de 2014, cuja capa e trecho inicial da reportagem “Eles sabiam de tudo” — eles são Dilma e Lula — foram postados em seu site no dia 23 de outubro, quinta-feira, às 20h19, às vésperas da eleição

"Veja" tem um programa político, defende o projeto neoliberal e as posições mais conservadoras
Foto: Igor do Vale/Futura Press

“Nos últimos anos, a maioria dos brasileiros, sem
desertar de suas convicções democráticas, mas,
mesmo em razão delas, já construiu amplamente
um diagnóstico crítico do modo de funcionamento
do atual sistema político no Brasil e anseia por
reformas políticas. Há muitas evidências de que já
se está firmando em um número cada vez maior
de brasileiros a consciência de que também o
sistema de comunicações de massas, privatizado,
altamente concentrado e oligopolizado, não serve
à democracia do país e precisa ser regulado a
partir de princípios republicanos e pluralistas.”

(Em Defesa de uma Opinião Pública Democrática –
Conceitos, Entraves e Desafios.
Venício A. de Lima, Juarez
Guimarães e
Ana Paola Amorim (orgs.).
São Paulo:
Paulus, 2014. p. 9.)


Golpes midiáticos na América Latina não constituem novidade, especialmente depois que golpes militares entraram em desuso. O mais espetacular deles ocorreu na Venezuela em 11 de abril de 2002, encabeçado pela RCTV. Durou poucas horas, devido à impressionante revolta popular contra a deposição do presidente Hugo Chávez. Este, desde sua chegada ao poder, em 1998, enfrentou sempre a ferocidade dos principais meios de comunicação do país, entre os quais as outras emissoras privadas de televisão — Venevisión, Globovisión, Televen e CMT — e nove dos dez maiores jornais impressos do país, como El Universal, El Nacional, Tal Cual, El Impulso, El Nuevo País e El Mundo. Os monopólios privados venezuelanos contrários ao presidente Chávez detinham 95% da audiência.

Esses monopólios midiáticos substituíam, na prática, os partidos políticos de oposição tradicionais, cuja força era pequena, e qualquer semelhança com o Brasil não será mera coincidência. Foi com base nesse poderio, e na liberdade de imprensa existente, que a RCTV sentiu-se à vontade para dar o golpe. Só não mediu a monumental reação popular, que frustrou a tentativa. Dia 13 de abril, Chávez estava de volta ao poder. A partir desse retorno no dia 13, cunhou-se uma expressão agora usual na Venezuela: “Cada 11 tem seu 13”. Os monopólios analisaram mal a correlação de forças, não mediram a popularidade, o carisma de Chávez, o enraizamento que seu programa político tinha entre as camadas exploradas da sociedade venezuelana. Golpes midiáticos, assim, não são inéditos na América Latina.

O “odiojornalismo” de Veja

Veja sempre foi adversária do projeto político vitorioso em 2002 no Brasil. Nunca escondeu isso. E seu jornalismo, vá lá, sempre se viu contaminado por essa visão. Sempre combateu ferozmente o PT, Lula, agora Dilma. Em todas as quatro eleições vencidas pelo PT e pelos partidos que apoiam o projeto político em curso, não poupou esforços para derrotar primeiro Lula, depois Dilma. O fato é que Veja tem um programa político, defende o projeto neoliberal, encampa as posições mais conservadoras do país. Faz um jornalismo obscenamente partidário, nunca teve o mínimo da isenção pensada pelo jornalismo liberal, distorce os fatos, inventa-os, se considerar necessário.

Na eleição de 2014, no entanto, se superou. Tentou, sem meios-termos, um golpe midiático, que fracassou. Não se desconheça, no entanto: a iniciativa de Veja retirou alguns milhões de votos da presidenta Dilma.  Se vitoriosa, teria fraudado uma eleição. O que fez está a anos-luz do jornalismo, ao menos de um jornalismo que se paute na boa apuração, na credibilidade e diversidade das fontes, no respeito aos fatos. Não estamos nos referindo ao conjunto da cobertura de Veja durante as eleições de 2014, toda ela voltada ao combate sistemático e feroz à presidenta Dilma e a sua reeleição.

Feroz, tão feroz, a ponto de levar a professora Ivana Bentes, da Universidade Federal do Rio de Janeiro, a classificar o jornalismo de Veja como “odiojornalismo”, próprio também da “tropa de choque” conservadora da imprensa brasileira, da qual fazem parte, entre outros, Arnaldo Jabor, Diogo Mainardi, Merval Pereira, Dora Kramer, Reinaldo Azevedo e Demétrio Magnoli. É uma coisa só, expressão exacerbada da demonização da política, prática cotidiana, persistente, recorrente de toda a mídia hegemônica. Vale a pena citar Ivana Bentes:

“Essa demonização da política tornada cultura do ódio se expressa por clichês e por uma retórica de anunciação de uma catástrofe iminente a cada semana nas colunas dos jornais e que retroalimentam, com medo, insegurança, ressentimento, uma subjetividade francamente conservadora de leitores e telespectadores”.

Tais opiniões foram expostas pela professora em entrevista à revista IHU On-Line, postada em 5 de novembro. Para Ivana Bentes, “essa pedagogia para os microfascismos e a educação para a intolerância podem ser resumidos na retórica que desqualifica e aniquila o outro como sujeito de pensamento e sujeito político, o que fica explícito na fala de alguns colunistas”.

“Um exemplo muito claro, inclusive no seu cinismo”, detalha a professora, “é este trecho de uma coluna do Arnaldo Jabor de 28/10/2014, pós-eleições. Com uma argumentação pueril e assujeitante que coloca eleitores, nordestinos e nortistas, pobres como ‘absolutamente ignorantes sobre os reais problemas brasileiros’ em um cenário pós-eleições em que ‘nosso futuro será pautado pelos burros espertos, manipulando os pobres ignorantes. Nosso futuro está sendo determinado pelos burros da elite intelectual numa fervorosa aliança com os analfabetos’.”

No Masp, banner da capa da revista com 5 metros. A campanha de Aécio e a Veja uniam-se nas ruas
Foto: Raquel Cunha/Folhapress
A capa-panfleto

O exemplar de Veja chegou às bancas na sexta, 24 de novembro, fora da rotina: sempre chega sábado. Não há dúvida de que a revista pretendia entregar munição ao candidato Aécio Neves e pautar o restante da mídia, cuja maior parte nunca regateou esforços para eleger o tucano. Era uma operação destinada a derrotar Dilma, pouco importando a veracidade da informação. E a publicação em si, como já demonstramos, era já um acréscimo, uma vez que a notícia estava devidamente divulgada, viralizada na internet, potencializando toda a carga de ódio e intolerância presente nas hostes aecistas. O Grupo Abril tinha absoluta consciência dos seus resultados.

A capa, certamente pensada e repensada pelos editores, é um primor de criação golpista: criminaliza Dilma e Lula da forma mais abjeta possível. Quem lida com jornalismo sabe que cada momento da edição tem vida própria. A capa é essencial a qualquer revista, e fala por si. Esta, a do golpe, esticou a corda no limite em sua editorialização e tentou de todo modo investir em seu apelo estético-emocional. Foi preparada para servir de munição, para caminhar com as próprias pernas, servir à campanha adversária, como serviu.

Reproduzida amplamente — milhões de exemplares chegaram a diferentes pontos do país como resultado de uma produção centralizada —, a capa tornou-se um eficiente instrumento em mãos de militantes aecistas. Produção centralizada sem que se identifique onde era esse núcleo central. Ainda há de ser revelado, que a verdade tarda, mas não falha. E o jornalismo, façamos uma pausa para dizer isso, tem o condão de fazer acreditar que lida com a verdade. Parece verdade. Mesmo quando seja a mais deslavada mentira, mesmo quando mistificação. Não é fácil à sociedade distinguir o quanto de real existe em cada matéria, em cada reportagem, em cada texto, e às vezes, quando se dá conta, os resultados pretendidos já foram alcançados.

A capa passava de mão em mão como verdadeira, vinda de um ente poderoso, um órgão de comunicação, não era (não?) proveniente da direção da campanha de Aécio. Não aparecia como tal. Podia, e creio foi, ser recolhida como expressão da verdade — e influir decisivamente no resultado eleitoral, em especial no contingente dos indecisos. Inocência, aqui, não cabe. Sabe nada, inocente. Tudo foi meticulosamente pensado e organizado pelo Grupo Abril, numa operação político-midiático-golpista, não custa insistir.

Há um lado gráfico tenebroso, apelativo. Há o fundo negro, em meio ao qual surgem as fotos tensas, de Dilma e de Lula, escolhidas a dedo, pouco mais da metade dos rostos de cada um, como se surgissem das trevas. Ao preenchermos buracos, nossa imaginação vê o editor dando ordens: “Pegue aí as piores fotos que temos no arquivo”. A foto de Dilma, parece, foi repaginada, para bem pior. O “selo”, acima da chamada, é “Petrolão”. E a chamada, caprichada para a incriminação: “O doleiro Alberto Youssef, caixa do esquema de corrupção na Petrobras, revelou à Polícia Federal e ao Ministério Público, na terça passada, que Lula e Dilma Rousseff tinham conhecimento das tenebrosas transações na estatal”. E logo abaixo a manchete propriamente dita, em vermelho: “Eles sabiam de tudo”.

Veja caprichou. A capa era o principal instrumento a ser colocado nas ruas, sabia disso. A melhor peça publicitária da campanha de Aécio. De graça. Nem em nossos exercícios de imaginação dá pra especular se Aécio chegou a ver a capa antes de ser disparada. Os dirigentes da campanha do tucano não podiam querer algo melhor, isso é possível dizer com segurança. Senão nos detalhes, com certeza tinham conhecimento do que viria. Uma operação dessas não surge assim como uma tempestade em dia de céu azul, sem uma concertação. Afinal, tinha o objetivo político de ajudar uma candidatura, que precisava ser avisada para tomar as providências, sobretudo a providência da distribuição da capa. Que poderia ser oferecida pelos próprios organizadores do golpe midiático, mas isso não se pode afirmar porque não confirmado. A imaginação, nesse caso, se contém.

Mais que o texto interno, importava a capa, a manchete “Eles sabiam de tudo” e a composição, vá lá, artística, incriminatória de Lula e de Dilma, de modo, insista-se, a interferir numa eleição em que as pesquisas davam a presidenta com coisa de 8, 9 pontos à frente. A operação golpista pretendia, já se disse, tirar essa diferença e dar a vitória a Aécio, candidato da revista e de toda a mídia hegemônica. O jornal O Globo do sábado 25 dá título esclarecedor, revelador da importância da capa como instrumento publicitário da campanha tucana. “PSDB distribui panfletos com capa de revista em todo o país” é o título da matéria de Cristiane Jungblut, enviada especial a Belo Horizonte para acompanhar manifestação tucana. Um subtítulo esclarece: “Campanha de Aécio aposta que reportagem de Veja vai desgastar Dilma”.

Atos semelhantes, organizados pelos tucanos, com distribuição massiva da capa de Veja, foram realizados também em São Paulo, Rio Grande do Sul e Distrito Federal. No vão do Masp, em São Paulo, é colocado um banner da capa da revista com cerca de 5 metros de altura. Milhões de exemplares da capa espalharam-se pelo país. O golpe caminhava. A campanha de Aécio e a revista Veja uniam-se nas ruas, numa ousadia sem limites. E sem nenhuma preocupação de dissimular a unidade político-midiática: Veja e o restante da mídia hegemônica na luta para derrotar a candidata Dilma Rousseff.

Golpismo e vacinas

Antes de seguir adiante, convém dar uma olhadinha no restante do material de ataque a Dilma e Lula, Veja 2397. Na Carta ao Leitor (“Choque de realidade”), seu editorial, Veja, sem ter demonstrado nada, sem ter nada à mão, salvo sua especulação, dá como certo que o material que incrimina Dilma e Lula “logo estará nas mãos do juiz Sérgio Moro, responsável pelo caso, em que passam a contar como suspeitos um ex e uma atual e, quem sabe, futura presidente da República”. Já sentenciou, já decidiu que “eles” serão arrolados como suspeitos, vejam só. Acentua, numa linguagem conhecida, que diante do que vem sendo revelado “as consequências do escândalo são difíceis de mensurar”. Que consequências? Golpe? Impeachment? Deixa no ar, claro. A jornalista Tereza Cruvinel, no artigo “Oposição perde a segunda arma do impeachment”, no Brasil 247, é explícita. Fala do golpe da revista Veja — usa a palavra golpe, não faz rodeios —, mostra que não aconteceram os resultados eleitorais nem os desdobramentos institucionais pretendidos, mas “serviu para colocar a palavra ‘impeachment’ em circulação”, no que tem razão.

Veja, no número golpista, faz uma espécie de “vacina” ao final da Carta ao Leitor, tendo consciência da operação que está realizando, consciência da tentativa de interferir claramente no processo eleitoral: “Veja publica essa reportagem às vésperas do turno decisivo das eleições presidenciais” — começa assim o parágrafo final, mas anotem a observação final, tão criteriosa — “obedecendo unicamente ao dever jornalístico de informar imediatamente os fatos relevantes a que seus repórteres têm acesso”. E termina solene: “Basta imaginar a temeridade que seria não trazê-los à luz para avaliar a gravidade e a necessidade do cumprimento desse dever”. Trata-se de um texto claro, quase uma confissão de culpa, envergonhada. Quase dizendo aos leitores “é, tivemos de fazer isso, mas, vejam bem, o fizemos em nome do bom jornalismo”. Ora, ora. Uma boa parte da consciência crítica brasileira sabe o modus operandi de Veja. Não precisava se explicar. Está tudo revelado. Os fatos em sequência revelaram o golpe midiático, felizmente frustrado.

Na abertura da “matéria-bomba”, na página 58, outra vacina reportando-se novamente à Carta ao Leitor. “Veja não publica reportagens com a intenção de diminuir ou aumentar as chances desse ou daquele candidato” — quase uma confissão enviesada da tentativa golpista. “Veja publica fatos com o objetivo de aumentar o grau de informação de seus leitores sobre eventos relevantes, que, como se sabe, não escolhem o momento para acontecer” — vejam, os fatos não escolhem momento para acontecer, podem acontecer a poucas horas de uma eleição presidencial, quer Veja explicar, candidamente.

O material interno da revista é muito pobre, porque fantasioso. O núcleo do escândalo montado resume-se a escassas cinco linhas, essenciais para a tentativa do golpe midiático, na página 61, em que o doleiro teria declarado que Lula e Dilma sabiam de tudo o que ocorria na Petrobras, sem que até agora a revista tenha apresentado uma única, escassa prova de que, de fato, Youssef tenha declarado o que a revista revela, sem que uma única fonte tenha falado para comprovar. Não respeita sequer alguns critérios do jornalismo meramente declaratório, sabidamente um recurso que sempre reclama complemento, confirmação, checagem.

Só para argumentar, ainda que o tal doleiro tivesse afirmado o que Veja diz, poderia um órgão de imprensa, que levasse a sério a profissão, aceitar manchetar isso sem nenhuma busca criteriosa da verdade? Lembro-me dos meus tempos de Estadão: a orientação era tomar furo se não confirmássemos seriamente o que tínhamos em mão. Estou me referindo ao Estadão, reconhecidamente um jornal secularmente conservador. Para Veja, o que importa são seus objetivos. E, nesse caso, não há sequer a comprovação de que o “jornalismo declaratório” de Veja tivesse respaldo.

E, convenhamos, algo envolvendo um ex-presidente da República e a atual presidenta da República não mereceria cuidados bem maiores do que simplesmente confiar num delator, e isso, lembrando, na hipótese, ainda não comprovada, de ele ter de fato dito o que a revista revela? Não caberia trabalhar mais, checar por todos os lados, ouvir outras fontes, como recomenda qualquer manual de redação, especialmente se naquelas horas se estava decidindo quem seria o próximo presidente da República?

Claro: Veja sabia bem o que fazia. Tinha consciência de que os critérios em que se assentava sua, vá lá, matéria estavam a anos-luz do que se conhece como jornalismo. Tanta consciência que lá pelas tantas, depois de ter soltado as cinco linhas de acusação gratuita que deu, vá lá, sustentação à sua capa, lá pelo meio, sem nenhum destaque, sem nenhum “olho”, ela diz, outra vacina:

“Obviamente, não se pode condenar Lula e Dilma com base apenas nessa narrativa”. É isso mesmo, Veja diz que não se pode condenar Lula e Dilma, mas é o que faz com sua capa espetacular e especular. Quase inacreditável, só possível numa operação golpista. Antes, na matéria, já havia admitido que “o doleiro não apresentou — e nem lhe foram pedidas — provas do que disse”. O jornalismo admite isso? Evidente que não. Jornalismo quer provas, fatos, dados consistentes.

Uma leitura atenta do texto evidencia a possibilidade de desconstrução do exercício cheio de imaginação de Veja, todo ele voltado à tentativa de incriminar Lula e Dilma, não importando a inexistência de bases reais para tal incriminação, como ela própria acaba dizendo. Qualquer estagiário de jornalismo daria zero à matéria. Por inconsistente. Por fantasiosa. Por não respeitar os mínimos critérios éticos do jornalismo.

Há um certo quê de ironia involuntária no fato de Veja, no mesmo número, em “Datas”, na página 44, registrar a morte, aos 93 anos, de Ben Bradlee, ex-editor executivo do Washington Post, o jornalista que coordenou a cobertura do caso Watergate. Essa cobertura ficou como um exemplo para o jornalismo mundial. Nada se publicava sem checagem segura, por todos os lados. Não bastavam as informações do “Garganta Profunda”, agora revelado como Mark Felt, ex-diretor assistente do FBI que contribuiu decisivamente para a deflagração em 1972 do escândalo que derrubou Nixon.

Bradlee exigia que seus notáveis repórteres, Bob Woodward e Carl Bernstein, buscassem outras fontes que as confirmassem, sem as quais não permitia que nada fosse publicado — sobre Felt, consulte-se livro de Bob Woodward, de 2005, O Homem Secreto, da Rocco, dedicado, aliás, a Ben Bradlee. Veja não separa sua vocação conservadora, sua posição política vinculada aos ideais neoliberais, do jornalismo. Sua atividade editorial – difícil chamá-la de jornalismo — é inteiramente permeada de ódio, e nessa visão tudo se justifica, tudo aquilo que o jornalismo liberal reclama se sacrifica, inclusive a verdade, ou, ao menos, a busca da verdade. Nunca, com esse olhar cheio de ódio, conseguirá seguir o conselho de Bradlee, publicado por ela mesma ao registrar a morte dele: “Faça o melhor e mais honesto jornal que você puder hoje. E um ainda melhor no dia seguinte”. Veja consegue sempre ser pior no dia seguinte.

E o número golpista não se restringe à “matéria-bomba”. Veja vai à sua cozinha, e requenta vários escândalos, com maior, menor ou nenhum grau de verdade, todos eles ligados ao “governo do PT”. A manchete: “A década dos escândalos”. Naturalmente, não houve escândalos sob Fernando Henrique Cardoso no olhar partidarizado de Veja. Em seguida, longa matéria também sobre “Os 10 ataques que envenenaram a campanha”, título destacado na página 68. A chamada, na mesma página, esclarece o objetivo: “O PT distorceu fatos, falsificou a história e manipulou eleitoralmente a divulgação de informações, jogando o nível da disputa na lama”.

Olhando-se com atenção de que ataques fala Veja, tem-se a impressão (impressão?) de que os textos foram redigidos a quatro mãos — redação da revista e assessoria do candidato tucano. É a tentativa de demonstrar, nos dez pontos levantados, que a campanha petista, e apenas ela, envenenou a disputa eleitoral, e distorceu e falseou fatos sobre o adversário e suas teses, e inventou teses a favor da presidenta Dilma. É como se houvesse, de um lado, um candidato cheio de veracidade e, além de tudo, um gentleman, e de outro uma candidata pronta para atacar ao rés do chão. Não tomou cuidado, em nenhum momento, de revelar ao menos alguns dos violentos ataques do candidato Aécio Neves, que chegaram ao nível do desrespeito pessoal à presidenta. A matéria é outra peça de campanha de Aécio, uma defesa apaixonada de seu programa, tentativa de desmontar tudo o que a campanha de Dilma e a própria presidenta diziam sobre a natureza neoliberal das propostas do adversário.

Dilma bate duro: foi crime

É provável que nas discussões em torno da tentativa de golpe midiático, e aqui voltamos a um certo grau de imaginação, tenha havido os que não considerassem a possibilidade do uso do horário eleitoral pela presidenta Dilma para responder à revista. Seria arriscado atacar um órgão de imprensa, poderia parecer um desrespeito à liberdade de expressão, como costuma raciocinar Veja — liberdade de expressão para ela é o direito de a revista dizer o que quiser e bem entender sem nenhuma obrigação para com a verdade.

Sabe-se que a campanha petista descobriu, ainda na quinta, que Veja preparava alguma coisa contra Dilma. Não sabia exatamente o quê. Depois, vazou a capa. Conhecendo como conhecia a revista e seus métodos, sabia que nas páginas internas haveria pouco além daquilo. No horário eleitoral do meio-dia, na sexta-feira 24, Dilma reagiu fortemente, com a consciência de que aquela deveria ser a única resposta, deixando o programa da noite, o último, para um término em alto estilo. Assim foi feito. E Dilma falou:

“Todos os eleitores sabem da campanha sistemática que a revista move há anos contra mim. Mas, desta vez, Veja excedeu todos os limites. Desde que começaram as investigações sobre ações criminosas do senhor Paulo Roberto Costa eu tenho dado total respaldo à Polícia Federal e ao Ministério Público. Até a sua edição de hoje, às vésperas da eleição, em que todas as pesquisas apontam minha vantagem sobre o adversário, Veja tentou insinuar minha omissão diante dos fatos. Isso já era um absurdo, já era uma tremenda injustiça.

“Hoje, a revista excedeu todos os limites da decência e da falta de ética, pois insinua que eu teria conhecimento prévio dos malfeitos da Petrobras e que Lula seria um dos articuladores. A revista comete essa infâmia sem apresentar nenhuma prova. É um crime. É mais do que clara a intenção malévola de Veja de interferir de maneira desonesta e desleal nos resultados das eleições. A começar pela antecipação da edição semanal para hoje, sexta-feira, quando normalmente chega às bancas no domingo.

“Mas, como em outras vezes, em outras eleições, Veja vai fracassar em seu intento criminoso. A única diferença é que desta vez ela não ficará impune. A Justiça livre deste país seguramente vai condená-la por este crime. Ela e seus cúmplices tampouco conseguirão sucesso em seu intento de confundir o eleitor. O povo brasileiro tem maturidade para discernir entre mentira e verdade. O povo sabe que nunca compactuei com corrupção. Sou uma defensora intransigente da liberdade de imprensa, mas a consciência livre da Nação não pode aceitar que, mais uma vez, se divulguem falsas denúncias, em meio ao processo eleitoral. Os brasileiros darão respostas nas urnas. E eu darei minha resposta a eles na Justiça”.

O texto é claro: tratou-se de uma tentativa de golpe midiático, embora não seja exatamente essa a expressão utilizada por Dilma. Trata-se de um crime, ela diz, a intenção malévola de interferir de maneira desonesta e desleal nos resultados das eleições. Afirma que Veja já fez isso em outras eleições, e de fato exemplos não faltam. E que recorrerá à Justiça para que ela pague pelo crime cometido. Desta vez, Veja foi longe demais, embora nunca se possa prever qual será a posição do Judiciário face às iniciativas da presidenta para fazer com que a revista pague pelo crime.

Em entrevista à Folha de S.Paulo, em 29 de outubro, o procurador-geral da República, Rodrigo Janot, criticou duramente os vazamentos seletivos e mirou, sobretudo, o advogado de Alberto Youssef, Antonio Figueiredo Basto.

“Estava visível que queriam interferir no processo eleitoral. O advogado do Alberto Youssef operava para o PSDB do Paraná, foi indicado pelo (governador) Beto Richa para a coisa de saneamento (Conselho de Administração da Sanepar), tinha vinculação com partido. O advogado começou a vazar coisa seletivamente. Eu alertei que isso deveria parar porque a cláusula contratual diz que nem Youssef nem o advogado podem falar. Se isso seguisse, eu não teria compromisso de homologar a delação”.

Não bastasse a tentativa do golpe midiático de Veja, localizou-se ainda um episódio de nítida inspiração golpista — a exploração do internamento hospitalar do doleiro Alberto Youssef. Qual o centro da articulação que transformou tal internação em envenenamento, ninguém sabe ainda. Isso também teve natureza essencialmente midiática, só que centrada na rede mundial de computadores. A internet foi invadida pela notícia de que o doleiro estava internado em hospital de Curitiba, na UTI, envenenado por organofosforado. Uma queda de pressão arterial foi convertida em envenenamento, e o boato foi se transformando numa verdade indiscutível, que se prolongou até o meio do dia da própria votação, domingo, mesmo que a Polícia Federal já o tivesse desmentido.

O fato só foi devidamente esclarecido, ao menos oficialmente, na noite de sábado pela Polícia Federal. O doleiro havia passado mal no final da manhã, tivera uma forte queda de pressão em decorrência do uso de medicação contínua no tratamento de doença cardíaca crônica, e fora levado no início da tarde para a UTI do Hospital Santa Cruz por agentes da Polícia Federal. Até uma falsa página do G1 no Paraná foi inventada para sustentar a mentira, com o óbvio propósito de ligar o fato a uma “queima de arquivo” por parte do PT. A manchete da falsa página era categórica: “Doleiro Youssef é achado morto em hospital de Curitiba”, e foi ao ar às 10 horas de domingo de modo a que as especulações prosseguissem e pudessem influenciar o resultado eleitoral.

Não creio possa essa iniciativa de Veja ser retirada de um contexto mais amplo. A história nos ensina que não devemos. Que nos recordemos do Ipes, do Ibad, da preparação golpista contra Goulart. Que liguemos tudo isso ao Instituto Millenium, de hoje. Que entendamos que a mídia não age solitariamente. Que está vinculada a uma perspectiva política, que conforma o que Gramsci chamava, lá trás, de partido político em amplo sentido, e partido conservador. Que substitui e impulsiona o partido da direita no Brasil, não importa o nome que a ele se dê.

E não se deve ignorar que a mídia não parou de trabalhar depois da eleição da presidenta Dilma. Trabalhar incansavelmente para desestabilizar o governo dela e, no limite, se reunir forças, chegar ao impeachment. Está certa Tereza Cruvinel ao dizer que, para além da tentativa golpista naquele momento, Veja conseguiu colocar a palavra impeachment no mercado de ideias, palavra que foi abraçada pelos gatos pingados golpistas que foram às ruas até agora e pelos partidos de oposição, inclusive por alguns de seus principais líderes. O problema não está nas ruas. Está na tentativa ideológica, bem pensada, de naturalizar a ideia do impeachment, perigosamente.

Estamos a léguas da possibilidade de golpes militares nos dias de hoje na América Latina. Mas não de outro tipo de golpe. Paraguai e Costa Rica nos ensinam. Nossa realidade é outra. Dilma foi eleita com 51,64% dos votos dos brasileiros. Temos um movimento social capaz de se mobilizar, como se comprovou na campanha. Mas, para contrapor, o principal partido do país está sob um ataque virulento, demonizado, como se fosse um partido de bandidos, e o PT, por mais erros que tenha, e os tem, é a mais importante e ampla organização partidária que o Brasil já conheceu. Só não se sabe quais as consequências que o partido experimentará diante de fogo tão cerrado. As operações que correm no Judiciário, por mais verdadeiras que possam ser, têm uma natureza obviamente seletiva, visando ao PT e minimizando quaisquer impactos que atinjam os partidos de oposição, especialmente o blindado PSDB. E essa seletividade, essa criminalização do PT, é claramente dirigida pela mídia, incansável nesse objetivo.

Será possível seguir avançando na democratização da sociedade brasileira se a mídia não for submetida às determinações constitucionais, se não estiver sob o jugo da lei? Será possível possa continuar a mídia brasileira como um cavalo desembestado, sem freio, ciente de que pode tudo, ao arrepio da lei, inclusive tentar golpes, como o fez agora, nas eleições de 2014? Mais do que nunca, creio estar na ordem do dia a regulação da mídia, que assegure o pronto direito de resposta, que garanta o cumprimento dos dispositivos constitucionais, que não permita os monopólios, que fortaleça os meios de comunicação comunitários, que dê forças às empresas estatais de comunicação, às empresas da sociedade civil, que horizontalize a propriedade.

Sem regulação da mídia, viveremos o sobressalto permanente das tentativas de golpe, as tentativas de desrespeito às urnas, desrespeito às decisões soberanas das maiorias, destruição de reputações, irresponsabilidade no exercício do jornalismo. O jornalismo é uma atividade nobre, e não pode continuar nas mãos de quatro, cinco famílias que se acreditem capazes de fazer o que lhes der na telha para garantir o privilégio de uns poucos e que se dão ao direito de, sempre na nossa história, colocar-se partidariamente contra quaisquer governos progressistas em nosso país.

Emiliano José, jornalista, deputado federal (PT-BA) e membro do Conselho de Redação de Teoria e Debate
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As charges da nova edição do Charlie Hebdo

Primeira edição do Charlie Hebdo após o ataque se esgotou em minutos nas bancas de jornais de toda a França nesta quarta-feira e o tom continuou provocativo. Confira 7 charges que estão nas páginas da mais nova publicação

Primeira edição do Charlie Hebdo após atentado traz charges provocativas (Montagem / Pragmatismo Político)

A primeira edição da revista “Charlie Hebdo” publicada depois dos ataques a tiros de militantes islâmicos se esgotou em minutos nas bancas de jornais de toda a França nesta quarta-feira (14), com pessoas fazendo fila para comprar exemplares em apoio ao semanário satírico. Uma tiragem de cerca de três milhões de cópias foi programada para o que vem sendo chamado de “edição dos sobreviventes”, superando em muito os habituais 60.000 exemplares. Mas, ainda assim, em muitas bancas o jornal se esgotou rapidamente.
A capa da edição desta quarta-feira mostra uma caricatura de um Maomé choroso segurando um cartaz com os dizeres “Je suis Charlie” (Eu sou Charlie) sob a manchete: “Tout est pardonné” (Tudo está perdoado).

Confira abaixo algumas das charges que estão nas páginas do jornal satírico:

wolisnki charlie hebdo

O cartunista francês George Wolinski, uma das vítimas do atentado contra a revista “Charlie Hebdo” em Paris, foi homenageado com uma charge. “Wolinski diz obrigado a vocês!” é o título. Abaixo, o cartunista usa uma gíria para afirmar que conseguiu ter uma ereção novamente.

charge charlie hebdo luz

Nesta charge, os dois atiradores do ataque à redação do “Charlie Hebdo”, mortos durante perseguição policial, se perguntam onde estão as 70 virgens, referência ao paraíso islâmico. Em uma nuvem, um grupo responde: “com a equipe do Charlie, perdedores”.

charge nova charlie hebdo

“Qual o futuro para os nossos jihadistas?” é o tema desta charge. Na imagem, homens armados estão em fila diante de um balcão de agência de emprego, enquanto a atendente pergunta: “segurança no Carrefour?”

charge charlie hebdo

Charge compara o trabalho de um desenhista do “Charlie Hebdo” e de um terrorista. “Desenhista do ‘Charlie Hebdo’, são 25 anos de trabalho”, diz a primeira legenda, de cima para baixo. “Terroristas, são 25 segundos de trabalho”, diz a legenda seguinte. Ao final, a charge conclui: “Terroristas, uma profissão de vagabundo e punheteiro”.

charlie hebdo charges

Em sua edição 1179, “Charlie Hebdo” traz sátira com costureiros em Bangladesh produzindo camisetas com a frase “Je suis Charlie” (Eu sou Charlie)

charlie hebdo charges

Com o título “Novos amigos”, charge mostra líderes de diferentes religiões com um cartaz escrito “Je suis Charlie” (Eu sou Charlie)

charge charlie hebdo

Nesta charge com o título “violento ataque do papa contra cúria romana”, o papa Francisco aparece com uma faca na boca e diz: ” Papas de todos os países, uní-vos”

No Pragmatismo Político
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A agonia dos Diários e Emissoras Associados


A sede do jornal Estado de Minas está à venda, deixando explícita a gravíssima crise que a empresa enfrenta, envolvendo má gestão, perda de credibilidade e o consequente desaparecimento de leitores e anunciantes. A título de exemplo, o jornal, que é o mais antigo e tradicional da capital mineira, tem circulado com apenas dois cadernos, num total de 24 páginas, ao contrário de um ou dois anos atrás, quando, mesmo em dias de edição mais fraca, eram quatro ou cinco.

O objetivo da venda é tapar buracos no caixa da empresa, que tem demitido jornalistas e demais funcionários com idêntico objetivo. As instalações do Estado de Minas serão transferidas para o prédio onde funciona a TV Alterosa e a rádio Guarani, ambas do mesmo grupo, os Diários e Emissoras Associados. Nesta transferência, é possível antever novos cortes de pessoal e não está descartado nem mesmo o fim da publicação em papel, permanecendo apenas a versão digital.

Localizada em um dos pontos nobres da capital mineira, a sede da SA Estado de Minas vale em torno de 50 milhões de reais, mas as ofertas, até o momento, não ultrapassam 30 milhões de reais. A venda representará mais um capítulo, talvez dos últimos, na história do condomínio fundado pelo primeiro magnata da mídia brasileira, Assis Chateaubriand, que chegou a ter 36 jornais, 18 revistas, 36 rádios e 18 emissoras de televisão.

Do que antes foi o “império” de Chateaubriand restam agora, com alguma expressão, além dos veículos em Minas, apenas o Correio Braziliense, na Capital Federal, e dois jornais no Nordeste. Há pelo menos duas décadas que o jornal Estado de Minas é considerado o carro-chefe do grupo, situação que apenas enfatiza a gravidade do quadro.

Os jornais impressos estão enfrentando problemas em todo o mundo. Recentemente o Washington Post também colocou sua sede à venda. Diariamente se tem notícia de jornais nos Estados Unidos e na Europa que estão fechando as portas ou reduzindo drasticamente suas tiragens em consequência das novas tecnologias que, indiscutivelmente, tem tido forte impacto no modelo de negócios destas publicações. No entanto, seria um equívoco atribuir à derrocada dos Associados e, em especial do jornal Estado de Minas, apenas às novas tecnologias. Os problemas são mais antigos e profundos.

O reforço à imagem de “neutro”

O jornal Estado de Minas foi o tema de minha dissertação de mestrado, defendida na Universidade de Brasília, em 1996. Sob o título de “A ‘amena’ Casa de Assis, imprensa e conservadorismo em Minas Gerais”, procurei entender as razões pelas quais os Associados haviam declinado em todo o país, mas continuavam firmes e fortes no Estado. Em outras palavras, quais eram as relações e ligações entre este veículo e seus leitores? O jornal, como se autodefinia, era realmente “o espelho de Minas” e “a voz de Minas”?

Ao contrário do que muitos acreditam, o jornal Estado de Minas não nasceu grande e durante muito tempo foi apenas um entre os vários jornais existentes em Belo Horizonte. Fundado em 1929 por Pedro Aleixo, Juscelino Barbosa e Álvaro Mendes Pimentel, foi adquirido no ano seguinte por Chateaubriand. A decisão de vender a publicação foi tomada pelo grupo de Pedro Aleixo após vários enfrentamentos com as forças situacionistas locais, encarnadas pelo Partido Republicano Mineiro (PRM).

Na época, as disputas entre grupos políticos em Minas eram muito intensas e o aparente distanciamento de Chateaubriand dessas questões contou pontos a favor de sua publicação aos olhos da maioria dos leitores, calejados com os frequentes arroubos da imprensa nitidamente partidária.

No início da década de 1960, o Estado de Minas era um entre os 13 jornais existentes em Belo Horizonte. A maior tiragem cabia ao O Diário, de propriedade da Cúria Metropolitana, que se apresentava como “o maior jornal católico da América Latina”. Outras publicações de peso eram a Folha de Minas, o Diário de Minas e o semanário Binômio, aos quais se somou a edição mineira da Última Hora, de Samuel Wainer. Em vários momentos, nos anos de 1962 e início de 1963, as edições de O Binômio e Última Hora venderam bem mais que as do Estado de Minas.

De olho na concorrência, os Associados, que já contavam com um segundo título em Minas, o Diário da Tarde, nunca se sentiram constrangidos em copiar inovações, mesmo as que se constituíam em marca registrada dos concorrentes. Aliás, desde a década anterior que Estado de Minas formava uma dobradinha com o Diário da Tarde, o primeiro destinado aos leitores classes A e B e o segundo ao “povão”.

Pelo fato de Chateaubriand contar com amigos e financiadores ligados a Juscelino Kubitschek, ele preferiu não aderir aos setores da UDN que questionaram o resultado da eleição presidencial de 1955, quando o ex-governador de Minas saiu vitorioso. Agindo assim, o jornal Estado de Minas conseguiu reforçar a imagem de “neutro” e dá início ao aumento de suas vendas em banca, mesmo com tiragem muito reduzida se comparada aos jornais do Rio de Janeiro e de São Paulo.

“Limpeza geral”

Os anos de JK na presidência foram excelentes para o Estado de Minas, que trouxe para as suas páginas, como anunciantes, todas as vedetes da época, seja em termos do comércio local, seja das empresas multinacionais que chegavam ao país. O tráfico de influências, ao lado de propostas audaciosas como a construção da nova capital federal, marcaram o governo de Juscelino e a própria relação entre imprensa e poder na época. Nunca interessou a Chateaubriand o rompimento com JK. O que ele sempre quis e obteve foram muitos favores e dinheiro. Daí sua presença constante em Minas, que era vendida aos mineiros como “apreço e gosto pela cultura e tradições locais”.

O que a maioria dos mineiros não desconfiava é que muitas das vindas de Chateaubriand ao estado tinham a ver com a conspiração que redundou no golpe civil-militar de 1964. Mesmo bastante doente e preso a uma cadeira de rodas, ele conspirou e estimulou amigos e funcionários a fazerem o mesmo. Desde a chegada de João Goulart ao poder que o jornal, sob o argumento que estava combatendo o “comunismo ateu”, abriu suas baterias contra o governo federal, respaldado pelo apoio do então governador de Minas, Magalhães Pinto, “o general civil da revolução” e por empresas nacionais e multinacionais que aumentavam os anúncios em suas páginas.

A vitória do golpe de 1964 não significou apenas o sucesso da tese que a publicação defendia. Significou, sobretudo, o fim das ameaças provocadas pelos concorrentes em Minas. Aliás, publicações que os Associados não mediram esforços para liquidar, a partir de denúncias, perseguições e de ameaças a anunciantes que insistiam em investir em “páginas adversárias”. Sem os entraves de antes, o Estado de Minas passa a atuar como narrador e comentarista político dos fatos, em suma, como um “ator político” conservador, que se beneficia da nova situação que ele ajudou e contribuiu para consolidar.

No editorial “Minas e a Revolução”, publicado pelo Estado de Minas em 6 de abril de 1964, por exemplo, tem início uma verdadeira cruzada contra qualquer tipo de atenuante ou perdão “aos que ontem entregavam a pátria aos flibusteiros de Cuba”. Na mesma edição, o jornal dedicava toda a contracapa do primeiro caderno aos “Flagrantes da Vitoriosa Revolução Democrática”. Entre as fotos estampadas estava a da sede da União Nacional dos Estudantes (UNE), no Rio de Janeiro, em chamas. Apresentada como “célula do Partido Comunista”, o jornal informava que ela havia sido incendiada “por populares”.

Para se referir às cassações e prisões de pessoas ligadas ao ex-presidente João Goulart, o jornal cunhou a expressão “limpeza geral”, conclamando os militares, através de editoriais, a “não ensarilhar suas armas, antes que se emudeçam as vozes da corrupção e da traição à pátria”. O golpe civil-militar de 1964 foi transformado assim na “revolução redentora”, que havia livrado o Brasil das garras do comunismo, com o Estado de Minas não medindo esforços na organização e cobertura da “Parada da Vitória”, dia 18 de abril, quando tropas do Exército e da Polícia Militar de Minas Gerais desfilaram pela avenida Afonso Pena, a principal de Belo Horizonte, comemorando os feitos alcançados.

Se a Rua Goiás não deu...

Quem lesse as edições do Estado de Minas no final dos anos 1960 e durante toda a década de 1970 dificilmente não seria tomado pela sensação de coparticipante de um processo que havia salvado o Brasil, pois não faltavam manifestos e abaixo-assinados ressaltando os feitos e o sucesso dos governos militares. É importante destacar que naquele período, várias publicações brasileiras que igualmente apoiaram o golpe de 1964 já se mostravam desiludidas e passavam a enfrentar a pesada censura prévia instaurada a partir da edição do AI-5. No jornal Estado de Minas, a censura sempre foi dispensável. O jornal só publicava o que interessava aos novos donos do poder.

Os profissionais considerados mais à esquerda perceberam que não havia mais condição de continuar escrevendo textos minimamente críticos e que contivessem quaisquer informações que desagradassem à direção da empresa e trataram de pedir demissão. Uma parte foi cuidar da vida como pode e outra se mudou para São Paulo ou Brasília, em busca de trabalho.

Em tempos tão sombrios, a marca registrada do Estado de Minas era a tranquilidade. Tranquilidade quebrada apenas na manhã de 22 de junho de 1965, quando do assassinato de seu diretor, Geraldo Teixeira da Costa. A manchete da publicação sobre o assunto foi “Silencia-se uma das grandes vozes de Minas”, com o jornal conseguindo não tocar nas razões efetivas da morte de seu dirigente. E se dependesse dele, estas razões jamais seriam divulgadas. Fiel aos compromissos católicos, O Diário foi o único a apresentar a verdade sobre o assunto: o jornalista era o responsável pela sedução de uma jovem de família pobre, cujo pai jurara vingança. Detalhe: durante o enterro, aviões da Esquadrilha da Fumaça sobrevoaram Belo Horizonte desenhando no céu o apelido Gegê, em homenagem ao diretor assassinado.

Mesmo não possuindo ligações com questões políticas, o episódio serve para ilustrar como o jornal Estado de Minas passa a apresentar a realidade ao sabor dos seus interesses, pouco somando com a veracidade das informações e, menos ainda, com a opinião pública, fazendo exatamente o contrário do que pregava. O episódio demonstra também o peso e a ligação do jornal com os diversos poderes e instituições. A confortável situação desfrutada pela publicação levou-a a acreditar piamente nas palavras de seu então editor-chefe, Pedro Aguinaldo Fulgêncio: “Se a rua Goiás não deu, não aconteceu”. Para quem não é de Belo Horizonte, rua Goiás é onde se localizava a antiga sede do jornal.

“Sociedade” com os cofres públicos

Esse autoritarismo, mais do que a postura de um dirigente, tornou-se a marca registrada do fazer jornalístico do Estado de Minas. Autoritarismo que impediu e continua impedindo que fatos de importância local, nacional e internacional “aconteçam” nas páginas do jornal. Quando muito, o jornal dava e dá a sua versão sobre eles.

Não importava que o Brasil e o mundo passassem por mudanças significativas. Tudo o que desagrada à ótica dos dirigentes da “amena” Casa de Assis era e continua sendo atribuído à subversão comunista e, mais recentemente, ao “bolivarianismo”. Por outro lado, fiel ao ideário de Assis Chateaubriand, que nunca escondeu sua admiração pelos Estados Unidos, tudo o que vem daquele país é tratado como certo, importante e fabuloso.

Em 1982, o jornal Estado de Minas apoiou a candidatura do ex-ministro Elizeu Resende contra Tancredo Neves na disputa pelo governo do estado. Para Tancredo conseguir que matérias sobre sua campanha fossem publicadas, teve que comprar espaço, mesmo sendo acionista da empresa. As páginas do Estado de Minas ignoraram a campanha pela anistia aos presos políticos e em prol das eleições diretas para presidente da República. No plano regional, de 1980 aos dias atuais, o jornal Estado de Minas esteve uma única vez na oposição, quando do governo de Newton Cardoso. Mesmo assim, as razões desta oposição estão longe de qualquer ideal republicano. A empresa e Cardoso se desentenderam no que se refere a pagamentos de publicidade e a verbas destinadas à publicação, numa briga classificada por quem a acompanhou de perto como sendo “coisa de cachorro grande”.

Se os métodos de Chateaubriand valeram para garantir poder e influência ao Estado de Minas em décadas anteriores, foram importantes para mantê-lo em pé, sobretudo a partir de 2003, quando o neto de Tancredo Neves chega ao poder e garante-lhe uma sobrevida que poucos julgavam possível. Já naquela época, os Associados estavam quebrados e o Estado de Minas era a publicação que tinha situação financeira um pouco melhor, mas longe de ser considerada boa. Aliás, fiel ao estilo de vida de Chateaubriand, os dirigentes do Estado de Minas sempre foram pródigos em gastos, pouco somando se a situação financeira da empresa permitia isso. A título de exemplo, enquanto os seus dirigentes e condôminos têm salários (além de retiradas mensais) superiores a R$ 50 mil, a empresa atrasa o depósito do FGTS e paga o piso salarial da categoria para a maior parte de seus funcionários.

No passado, o próprio governo de Minas chegou a arcar com a folha de pessoal do jornal e também com a complementação salarial dos funcionários da empresa via assessorias de imprensa no próprio governo e empresas estatais. O colunista social Wilson Frade, por exemplo, chegou a receber por 17 assessorias. Vale dizer: dia sim, dia não, tinha um dinheiro entrando em sua conta. Inúmeros são também os casos de jornalistas dos Associados em Minas que tiveram três, quatro ou mais assessorias ao mesmo tempo. Para o já citado Pedro Aguinaldo Fulgêncio, entrar para o Estado de Minas era quase sinônimo de ganhar na loteria esportiva ou “tirar a sorte grande”, como preferia dizer.

Os governos tucanos em Minas fizeram o possível para garantir o retorno dos “anos dourados” para os Associados. Razão pela qual a direção da empresa apoiou, elogiou e não mediu esforços para tentar viabilizar a vitória de Aécio Neves para a presidência da República, transformando o jornal em uma espécie de boletim de campanha do tucano (ver artigo “Por quem os sinos dobram“, no Observatório da Imprensa). Não deu certo e os antigos problemas de gestão agora batem, com mais força, à porta da empresa. Afinal, a “sociedade” com os cofres mineiros parece ter chegado ao fim.

Ângela Carrato, jornalista e professora do Departamento de Comunicação Social da UFMG. Este artigo foi publicado no blog Estação Liberdade
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Charlie e Lobato: quando o racismo encontra a liberdade de imprensa

O affair Charlie Hebdo já produziu em menos de uma semana uma avalanche de textos, artigos e posts. Há muito tempo um caso específico não suscitava tanto debate no exterior e também no Brasil. Para ser mais preciso, 11 de setembro, que seria um competidor mais do que a altura, ocorreu quando a internet ainda era mais tíbia e não havia redes sociais. Estamos perante o affair Dreyfus do século XXI, com todas as camadas de ironia que tal comparação enseja.

Milhões marcharam em Paris sob o lema “Je suis Charlie”, liderados por Hollande, Merkel, Benjamin Netanyahu e Mahmud Abbas, com o apoio dos Estados Unidos. A grande mídia brasileira aderiu com peso ao slogan por meio de editoriais, manchetes e artigos em defesa da liberdade irrestrita de expressão. Augusto Nunes, colaborador da Veja e apresentador do programa Roda Viva da TV Cultura, deu o tom nas páginas da revista na web: “foi o mais selvagem ataque à liberdade de expressão desde a invenção da imprensa”. Nunes ainda escreve: “foi a prova definitiva de que os guerreiros de Maomé decidiram revogar a bala tanto fronteiras geográficas quanto limites impostos por leis e valores que escavaram um portentoso abismo entre a civilização e o primitivismo”. A disposição para ler o problema pela ótica do clash of civilizations está clara no trecho, mas ao invés de direcionar suas baterias contra os muçulmanos, como seria de se esperar dos “intelectuais” que enveredam por essas sendas, o texto de Nunes se volta para o consumo interno, o que não é de todo surpreendente. O trecho é digno de ser reproduzido ipsis literis:

“os jornalistas brasileiros a serviço do lulopetismo são os únicos que lutam pelo extermínio da liberdade de imprensa e pela implantação da censura, escondida sob codinomes bisonhos como “controle social da mídia”, “regulação dos meios de comunicação” ou “democratização da mídia”. Seja qual for o disfarce, o que esses incapazes capazes de tudo buscam é algum atalho que encurte a distância que os separa do poder perpétuo e absoluto”.

Aos poucos o affair Charlie vai entrando num padrão de consumo tupiniquim que se assemelha muito ao de um outro affair, ou melhor, caso nacional: a controvérsia pública acerca do racismo contido no livro Caçadas de Pedrinho de Monteiro Lobato. A decisão de apontar para o racismo do livro foi lida por muitos articulistas da grande mídia como tentativa do PT de controlar a liberdade de expressão, submetendo a arte do autor paulista e seu público infantil à ditadura do politicamente correto (Fiuza, 2/4/2011; Editorial, 5/4/2011, "De olhos bem fechados", 11/11/2010).[1]

Pois bem, agora utilizam a oportunidade do affair Charlie para mais uma vez afirmarem o direito à liberdade irrestrita de expressão. Mas será que a expressão deve mesmo ser inteiramente desregulada, ou seja, não sofrer qualquer sanção pública? A resposta é não! As razões para essa negação são várias e é importante conhecê-las.

Com o perdão do empréstimo, vamos começar por adotar um tom levemente socrático. Tomemos a liberdade de ir e vir, outro fundamento do sistema de direitos básicos do liberalismo. O direito de mover seu corpo para os lugares onde deseja talvez seja ainda mais básico do que aquele que permite a uma pessoa dizer o que quer. Mas a questão não reside na competição pela prioridade aqui, pois ambos parecem ser suficientemente fundamentais. É razoavelmente óbvio constatar que o direito de ir e vir é limitado por uma série de barreiras impostas pela condição coletiva da vida humana. Não podemos nos deslocar para um lugar já ocupado por outra pessoa; não temos acesso livre à propriedade privada de outras pessoas; não podemos nos deslocar no espaço público para lugares que estão temporariamente ou permanentemente ocupados por outras funções públicas, como um palanque onde discursam autoridades, a pista de um aeroporto, uma base militar, etc. Não podemos sequer ter acesso livre a espaços administrativos de repartições públicas, isso para não falar nos espaços administrativos de empresas privadas. A todas essas limitações razoavelmente impostas some-se a abissal desigualdade no acesso a esse direito determinada pela desigualdade econômica entre nós, humanos: quem tem grana vai a Roma, quem não tem...

Assim, notamos que um direito tão fundamental à estrutura moral e institucional do liberalismo é de fato sujeito a um sem número de condicionamentos. Ora, por que seria o direito à expressão inteiramente destituído deles? A resposta é simples. Ele só o é na parolagem dos menos sábios ou daqueles que tem interesses embutidos nessa mistificação. Quais seriam então os limites à liberdade de expressão?

Não pretendo ser exaustivo aqui, mas me parece oportuno apontar para alguns fatos que são inteiramente pertinentes ao affair Charlie e também ao caso Caçadas de Pedrinho. A liberdade de expressão se estende à incitação de crimes? Do ponto de vista puramente moral, a resposta mais indicada me parece ser plenamente negativa. Mas o que nos interessa aqui não é o plano puramente abstrato da moralidade universal, mas como princípios morais são interpretados por comunidades concretas, como França e Brasil. As charges do Charlie Hebdo eram claramente racistas, elas atacavam muçulmanos, fustigavam cristãos com menor furor e poupavam judeus, como bem descreveu Tariq Ali em artigo recente. O jornal chegou a demitir um colaborador acusado de antissemitismo em 2009, mas continuou a publicar charges extremamente ofensivas a árabes e muçulmanos, isso em um país onde a islamofobia é problema social de conhecimento público. De maneira similar, o Conselho de Estado da França proibiu o comediante Dieudonné M'bala de se apresentar em público por propalar ideias antissemitas como a sátira do holocausto, mas nunca tomou qualquer atitude frente as charges do Charlie Hebdo.  No Brasil, país onde o racismo é crime, o texto de Lobato, abertamente racista, também incita a perpetuação de práticas criminosas. O delito torna-se ainda mais hediondo se levarmos em conta que o texto é usado na educação de crianças do Ensino Fundamental I (de 1º a 5º anos).

Se a França não reconhece o racismo das charges do Hebdo, isso é problema dos franceses, um povo que tem manifestado extrema dificuldade de lidar com a diferença e com a decadência de sua influência cultural no mundo. Infelizmente, com a crise econômica que assola a Europa desde 2008, essa reação chauvinista só tende a piorar. No Brasil, pelo contrário, estamos encontrando maneiras de lidar com o ocultamento histórico do racismo, finalmente proporcionando aos negros,  depois de séculos de pura opressão, oportunidades que nunca tiveram em nosso país. A grande mídia brasileira foi sistematicamente contrária à criação de cotas raciais, como mostra estudo que coordenei, foi também contrária ao banimento do racismo na educação infantil e agora se volta em defesa do racismo praticado pelo Charlie Hebdo em nome da liberdade de expressão. A resposta a essa demanda deve ser peremptoriamente negativa: não, a liberdade de expressão não é irrestrita. Ela não pode permitir a incitação ao crime.

Tem mais, essa resposta, dada por nós no plano moral, já foi referendada no plano legal pelo próprio Supremo Tribunal Federal. Em março de 2000, o Excelso Pretório condenou o proprietário da Editora Revisão, Siegfried Ellwanger, a dois anos de reclusão por crime de incitação ao racismo. Autor de "Holocausto: Judeu ou Alemão - Nos Bastidores da Mentira do Século", Ellwanger negava a existência de campos de concentração e a morte de 6 milhões de judeus na 2ª Guerra Mundial. O texto da decisão é explícito “A liberdade de expressão é relativa e não pode abrigar manifestações de conteúdo imoral. Deve respeitar os limites morais e jurídicos”. Ademais, os ministros do STF responderam à tentativa dos advogados do réu de argumentar que “judeu não é raça” argumentando que “qualquer atentado à dignidade humana desse tipo deve ser enquadrado no crime de racismo”. Mutatis mutandi, tal argumento se encaixa como uma luva para responder àqueles que dizem que a discriminação contra muçulmanos, mesmo quando eles são retratados com roupas tradicionais, narizes grandes e aduncos, barbas mal ajambradas e longas, e portando armas de grosso calibre, como nas charges do Charlie Hebdo, não é racismo. É racismo sim, e se isso fosse feito em solo brasileiro mereceria a mesma sentença recebida por Ellwanger. Mas a França não é o Brasil e muçulmanos franceses não são judeus franceses ou brasileiros..., mas são seres humanos tanto quanto eles, quero crer eu. Agora só falta convencer o povo francês, a grande mídia brasileira e seus adeptos.

João Feres Júnior, Cientista Político - IESP-UERJ

EDITORIAL. (2011), "Vírus da Intolerância Ameaça IBC e Ines". O Globo, 5 de abril.  
"De olhos bem fechados". (2010), Jornal do Commercio, 11 de novembro.
FERES JUNIOR, João; NASCIMENTO, Leonardo Fernandes  and  EISENBERG, Zena Winona. Monteiro Lobato e o politicamente correto. Dados [online]. 2013, vol.56, n.1 [cited  2015-01-13], pp. 69-108.
FIUZA, Guilherme. (2011), "Bolsonaro e o Fuzilamento da Direita". Época, 2 de abril.


[1] Exploramos a fundo esse caso em artigo para a revista Dados intitulado “Monteiro Lobato e o politicamente correto” (http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0011-52582013000100004&script=sci_a...).

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Presente e futuro do jornalismo

Dois assuntos aparentemente sem conexão entre si, tratados pelos jornais nas edições de quarta-feira (14/1), criam a oportunidade para uma reflexão sobre os grandes desafios das empresas de comunicação neste início de século — e o futuro do jornalismo. Numa delas, afirma-se que o ministro da Fazenda, Joaquim Levy, pretende elevar a taxação do imposto de renda para prestadores de serviços que recebem como pessoas jurídicas. Na outra, os jornais traçam o perfil da pesquisadora e professora Ivana Bentes, nomeada secretária de Cidadania e Diversidade Cultural do Ministério da Cultura.

Aparentemente, os dois temas não têm nada em comum. No entanto, eles tocam num ponto sensível: a crescente dificuldade da mídia tradicional em manter redações amplas e diversificadas o suficiente para assegurar alguma qualidade ao produto jornalístico e a necessidade de um novo modelo de negócio para o jornalismo. Essa questão está relacionada diretamente à intenção anunciada pelo ministro da Fazenda, porque em muitas empresas a solução para baixar o custo tem sido substituir as relações trabalhistas por contratos de prestação de serviços sem vínculo empregatício.

A coerção de jornalistas a se tornarem “microempresários” produziu uma geração de profissionais em situação vulnerável: muitos jornalistas altamente qualificados e com grande experiência estão desempregados, coagidos a barganhar trabalhos eventuais a preços vis, e sem as reservas garantidas pela legislação que protege o trabalhador formal. Em razão dessa estratégia das empresas, aumentou o número de ações trabalhistas no setor de comunicação, cujo julgamento os empregadores costumam protelar por muitos anos.

Se ocorrer a taxação maior do imposto de renda sobre prestadores de serviços que atuam sem carteira assinada, o custo de manutenção de algumas redações pode subir exponencialmente. Como nem todos os profissionais poderão absorver uma alíquota de 27,5% em vez dos atuais 4% ou 4,5% sobre seus rendimentos, essa despesa terá que ser compartilhada com os contratantes, o que certamente irá produzir conflitos.

Coletivos de comunicação

Por outro lado, a nomeação de Ivana Bentes pode levar a uma extensão dos pontos de cultura para a atividade jornalística, com potencial para produzir uma grande mudança no ambiente midiático.

Organizados a partir do Programa Cultura Viva, criado em 2004 pelo então ministro Gilberto Gil, os pontos de cultura, funcionando como coletivos financiados pelo poder público por meio de editais simples, se tornaram conhecidos por atuarem como catalisadores das manifestações que paralisaram as grandes cidades do país em 2013.

O Programa Cultura Viva, que foi negligenciado no primeiro mandato da presidente Dilma Rousseff, tem a ver com as discussões sobre o futuro do jornalismo. Uma perspectiva do que pode vir a acontecer pode ser avaliada pelo exame da atividade dos coletivos chamados de Mídia Ninja, que a partir de junho de 2013 passaram a acompanhar as passeatas de protesto, oferecendo uma cobertura direta e sem edições dos acontecimentos. Foram as imagens produzidas por esses jornalistas que permitiram expor a violência policial e, por tabela, revelar a contaminação das manifestações por adeptos do vandalismo, conhecidos como “black blocs”.

A nomeação de Ivana Bentes reconduz ao Ministério da Cultura a política de valorização dos coletivos produtores de iniciativas culturais. Graças aos editais, surgiram em locais distantes dos grandes centros, durante a década passada, milhares de iniciativas que têm ajudado a recuperar certas práticas tradicionais, como o cateretê no interior paulista, e estimular festivais de música, e ações culturais inovadoras, como projetos de videoarte, grafiti e animação.

Um programa com as mesmas características poderá financiar coletivos no campo do jornalismo, inicialmente associados aos coletivos de cultura, como foi na origem da Mídia Ninja, com potencial para se conectar a movimentos comunitários e funcionar como divulgadores de reivindicações locais ou regionais. A relação desses coletivos com o jornalismo ativista foi abordada por pesquisadores, como no ensaio “Jornalismo Século XXI — o modelo #MídiaNinja”, da jornalista Elizabeth Lorenzotti (ver aqui).

Ao tratar dos dois assuntos de forma burocrática, a imprensa certamente não viu essas possibilidades. A taxação do trabalho em relação precária será um problema para a mídia tradicional. Os coletivos de comunicação podem ser uma esperança para o jornalismo.

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